Corea del Norte es uno de los pocos países que no ha informado de “ningún caso” de infección de COVID-19, y la semana pasada el dirigente Kim Jong Un anunció el “rutilante éxito” a la hora de hacer frente a la pandemia. El país cerró sus fronteras a todos los visitantes extranjeros a finales de enero, igual que hizo cuando se enfrentó al brote de ébola en África occidental de 2014 a 2015.

Se sabe poco de cómo funciona el sistema de atención médica en Corea del Norte, pero su aparente capacidad para eludir la COVID-19 hace que su sistema de salud pública sea merecedor de una exploración más profunda.

Amnistía Internacional ha hablado con dos profesionales de la salud de Corea del Norte que ahora viven y trabajan en Corea del Sur. *Kim es doctora en medicina, mientras que *Yi es farmacéutica. Las dos mujeres creen que Corea del Norte tiene cierta “inmunidad” ante las epidemias, pero también existen factores que hacen al sistema de salud del país especialmente vulnerable.

La relativa “seguridad” de Corea del Norte frente a la COVID-19

“Puesto que Corea del Norte ha sufrido incesantes epidemias, la gente ha creado una ‘inmunidad mental’ contra ellas, y es capaz de hacerles frente sin grandes miedos. Lo mismo sucede con la COVID-19”, afirmó Yi.

“No es que la gente sea inmune biológicamente, pero los continuos años de epidemias la han vuelto insensible.”

Yi cita brotes de sarna y sarampión en 1989, y la recurrencia del cólera, la fiebre tifoidea, la fiebre paratifoidea y el tifus desde 1994. Desde 2000, el SARS, el ébola, la gripe aviar y el MERS también amenazaron Corea del Norte. 

Sin embargo, el hecho de que no se haya informado al mundo exterior de casos de COVID-19 podría estar relacionado con la vigilancia y las drásticas restricciones a la libertad de expresión impuestas por las autoridades.

“La población de Corea del Norte es muy consciente de que, cuando se pone en contacto con familiares o amistades que viven en Corea del Sur, siempre existe la posibilidad de que se estén vigilando sus comunicaciones. Por eso, las llamadas telefónicas y las cartas normalmente se realizan bajo la premisa de que alguien podría estar escuchando o leyendo sus conversaciones. Jamás dirán una palabra respecto a la COVID-19, porque podría costarles la vida”, dijo Yi. 

Garantizar un saneamiento adecuado y una atención asequible para todas las personas

La crisis alimentaria sufrida por Corea del Norte en la década de 1990, conocida como la Marcha Penosa, dio lugar a cambios fundamentales en su sistema de salud.

Tal como explica Yi: “Antes de la Marcha Penosa, los profesional de la salud vivían con dedicación a su trabajo. Había unos lemas: ‘El dolor de un paciente es mi dolor’, ‘Trata a los pacientes como a tu familia’. Pero, con la crisis económica, el Estado dejó de dar salarios o raciones, y la supervivencia se convirtió en la tarea más urgente. Los profesionales de la medicina tenían que ser realistas, y todos esos buenos sistemas se dejaron de lado”.

El resultado de estos cambios fue en la práctica un sistema de salud basado en pagos que coexistía con los servicios de salud “gratuitos”. Según Yi, el Estado abrió farmacias fuera de los hospitales e hizo que la gente pagara para comprar medicamentos.

Muchas personas todavía no tienen derecho a un nivel de vida adecuado, que abarca áreas como una calidad adecuada de comida, agua, saneamiento, vivienda y atención médica. Sin embargo, una clase media emergente ha empezado a cambiar la manera en que se asignan los escasos recursos de salud, y ha hecho que para las comunidades más desfavorecidas resulte aún más difícil acceder a atención médica adecuada.

“La atención médica gratuita sigue existiendo, en teoría, por lo que los hospitales no cobran demasiado. Pero recientemente ha habido gente dispuesta a pagar por un tratamiento mejor”, afirma Kim. “En Corea del Sur, siempre que pagues, puedes elegir el hospital y el método de tratamiento. Pero en el norte no tienes esa posibilidad. ‘Si vives en el distrito A, tienes que ir al hospital B’. No hay más opción. Hoy día, la gente quiere ir al hospital que elija y ver al doctor que desee, aunque tenga que pagar más.”

“En el pasado, los médicos sólo tenían que ocuparse de los pacientes de sus áreas asignadas. Independientemente del número de pacientes, recibían un salario constante del hospital, así que no era necesario el excepcionalismo. Ahora los pacientes traen dinero, y eso está cambiando las motivaciones de los profesionales de la salud.”

La población de Corea del Norte, como todo el mundo, tiene derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud. Aunque esto no significa que toda la atención médica tenga que ser gratuita, el surgimiento de estos pagos no regulados pone en duda si la atención médica sigue siendo asequible para todas las personas o no.

La comunidad internacional y el derecho a la salud en Corea del Norte

Yi y Kim creen que la formación médica en Corea del Norte es de una gran calidad, y que los profesionales de la salud tratan con dedicación a sus pacientes, pero un cuello de botella importante ha sido la falta de materiales para mantener el sistema en marcha, en parte debido a las sanciones impuestas por la comunidad internacional.

“Este apoyo humanitario viene y va, dependiendo de la política intercoreana. Yo, personalmente, confío en que haya un apoyo constante de la comunidad internacional, por ejemplo respecto a los medicamentos para tratar la tuberculosis, independientemente de la situación política”, ha declarado Kim. “Hay ingredientes muy necesarios que se obtienen en su totalidad mediante importaciones, pero la mayoría están en las listas de sanciones de la comunidad internacional y de Estados Unidos.”

Yi coincide con ella: “Los centros dejaron de funcionar por la falta de materias primas como el combustible para la electricidad o los ingredientes para la producción de medicamentos. Es sólo una cuestión de materiales. Si el suministro de estos materiales fuera suficiente, yo creo que Corea del Norte sería capaz de resolver sin problemas por sí solo las emergencias de salud pública.”

Por tanto, la comunidad internacional tiene lecciones que aprender a la hora de garantizar el derecho a la salud de la población de Corea del Norte, en lo que se refiere a hacer que el acceso a servicios de salud sea más equitativo para todas las personas que componen la sociedad.

Las sanciones económicas no deben aplicarse de manera que pongan en peligro los derechos de la ciudadanía de Corea del Norte, y deben tomarse medidas para que los medicamentos esenciales y otros artículos relacionados con la salud estén a disposición de las personas que los necesitan. Las restricciones de estos productos no deberían utilizarse nunca como instrumento de presión política y económica.

También es necesaria la cooperación internacional en nutrición, agua y saneamiento para garantizar que Corea del Norte está preparado frente a futuras epidemias como la COVID-19. Esas epidemias pueden surgir por enfermedades causadas por la comida y el agua contaminadas, y podrían afectar más fácilmente a la gente que ya sufre una mala nutrición.

El gobierno norcoreano, por otra parte, tiene la responsabilidad de garantizar que los artículos proporcionados para causas humanitarias se utilizan gratuitamente para los fines previstos, y no se desvían para obtener ganancias personales. Las autoridades deben cooperar plenamente con todos los proveedores de ayuda humanitaria, dándoles derecho a acceder a todos los lugares donde tienen lugar operaciones humanitarias, para que se pueda verificar que la ayuda llega de hecho a la gente que realmente la necesita.

*Para proteger la identidad de estas dos mujeres, sólo damos su apellido.