Mahmoud Abu Zeid, más conocido como Shawkan, no hizo más que su trabajo. Es reportero gráfico y el 14 de agosto de 2013 estaba cubriendo una sentada en El Cairo, cuando las fuerzas de seguridad irrumpieron.

“Fue como una película de Hollywood”, escribió más tarde. “Parecía como si estuviéramos en medio de una guerra. Por todas partes había balas, gas lacrimógeno, fuego, policías, soldados y tanques”.

Shawkan utilizó su cámara para captar el caos que lo rodeaba. Por todo el país se habían desplegado agentes de policía y soldados para aplastar a la disidencia donde la encontraran. Fue el acontecimiento más sangriento de la historia reciente de Egipto, con unas 1.000 víctimas mortales en un sólo día.

Cuando la policía descubrió que Shawkan era periodista, lo detuvieron. Le ataron las manos con cables de plástico que le provocaron cortes en la piel, con lo que le empezaron a sangrar las muñecas, le propinaron puñetazos y lo azotaron con un cinturón. Hoy en día se encuentra en la tristemente célebre prisión de Tora, en El Cairo, y aunque padece hepatitis C, no recibe la atención médica que necesita.

Han pasado tres años desde que fue encarcelado. En una reciente audiencia judicial, declaró al juez “Hacer fotos no es delito”. Tiene razón.

Insta a Egipto que retire todos los cargos contra Shawkan y que lo deje en libertad de inmediato.


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