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Carta Abierta: Redoblamos esfuerzos — Únete a un día para detener esta crisis climática

27, May. 2019 | Categoría: ,

Convocamos una huelga mundial el 20 de septiembre. Interrumpir nuestra vida normal es la única manera de garantizar nuestro futuro

El 20 de septiembre, como pidieron los y las escolares que han llevado a cabo huelgas en todo el mundo, saldremos de nuestros lugares de trabajo y nuestras casas para pasar el día exigiendo que se actúe respecto a la crisis climática, la mayor amenaza existencial a la que se enfrenta la humanidad. Es un día de huelga por el clima, y no será el último. Marcará el inicio de una semana de acción en todo el mundo. Y esperamos que también marque un punto de inflexión en la historia.

Esperamos que otras personas se unan: que salgan de sus oficinas, sus granjas, sus fábricas; que los candidatos y candidatas paren sus campañas y las estrellas del fútbol abandonen la cancha; que los actores y las actrices se quiten el maquillaje y los profesores y profesoras suelten la tiza; que los cocineros y cocineras cierren sus restaurantes y lleven comida a quienes protestan; que los y las pensionistas también rompan su rutina diaria y se unan para enviar el único mensaje que nuestros dirigentes deben oír: día tras día, nuestro planteamiento de seguir como si nada ocurriera está destruyendo la oportunidad de que haya un futuro seguro y sano en nuestro planeta.

Somos muy conscientes de que, por sí mismas, esta huelga y una semana internacional de acción contra el cambio climático no modificarán el curso de los acontecimientos. Lo bueno es que tenemos la tecnología que necesitamos: el precio de una placa solar ha descendido un 90% en los últimos diez años. Y sabemos cuáles son las políticas necesarias para que funcionen: en todo el planeta se ha propuesto alguna versión de un nuevo pacto ecológico mundial, unas leyes que sustituirían rápidamente los combustibles fósiles por energía solar y eólica, y a la vez proporcionarían buenos empleos y estabilizarían unas economías locales fuertes. Aplaudimos a las personas —muchas de ellas,  jóvenes— que están trabajando intensamente para que estas medidas se abran paso frente a la arraigada oposición del sector de los combustibles fósiles.

El día mundial de acción de septiembre está concebido para apoyar a estas personas. Esperamos que se unan a él los grupos ecologistas, de salud pública, justicia social y desarrollo de todo tipo, pero nuestra mayor esperanza es simplemente mostrar que quienes trabajan para resolver esta crisis cuentan con el respaldo de millones de seres humanos que albergan un creciente temor sobre nuestra difícil situación medioambiental, aunque hasta ahora se hayan mantenido prácticamente al margen. Puede que tengamos que intentarlo varias veces hasta lograr que se echen a la calle tantas personas, pero no tenemos mucho tiempo: nuestra ventana para frenar el cambio climático se está cerrando rápidamente.

Sabemos que no todo el mundo podrá unirse a esta acción. En un planeta con tantas desigualdades, hay personas que literalmente no pueden prescindir del salario de un día, o que se arriesgan a ser despedidas si lo intentan. Y además, hay trabajos que no pueden parar, como por ejemplo el de la sala de urgencias de un hospital. Pero muchas personas podemos parar durante 24 horas nuestra rutina diaria confiando en que todo seguirá ahí cuando volvamos. Esperamos que haya gente que se manifieste durante todo el día: contra la construcción de nuevos oleoductos o contra los bancos que los financian; contra las empresas petroleras y los políticos que difunden sus mentiras. Y que otras personas pasen el día instalando paneles aislantes en las paredes de la casa de sus vecinos o construyendo carriles-bici. Esperamos que todo el mundo dedique al menos unos minutos en un parque, en un sembrado, o en la azotea de su edificio a sumergirse en la belleza del mundo que tenemos el privilegio de proteger.

Sabemos que pedimos mucho. Un día en la vida del mundo es muy importante, y la gente está acostumbrada a sus rutinas. Pero no nos parece bien dejar que los y las estudiantes carguen con todo el peso: necesitan nuestro apoyo. E interrumpir nuestras vidas normales parece algo fundamental: es nuestra vida normal lo que nos ha llevado hasta aquí, el hecho de que nos levantamos cada mañana y hacemos prácticamente lo mismo que hemos hecho el día anterior, incluso aunque estemos en medio de una crisis.

Nos ha tocado vivir en un momento en el que nuestras decisiones determinarán el futuro durante decenas de miles de años: cuánto crecerá el nivel del mar, cuánto avanzará la desertificación, con qué rapidez se quemarán los bosques. Tenemos que ocuparnos de proteger ese futuro.

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