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LA HUIDA DE FALUYA

31, May. 2016 | Categoría: ,

Iraqi militant with rocket launcher fires at US forces, Fallujah, Iraq, video still.

Los desgarradores testimonios de la población residente que, a lo largo de los últimos días, ha conseguido escapar de la ciudad iraquí de Faluya (controlada por el grupo armado autodenominado Estado Islámico, también conocido como ISIS), describen un aterrador panorama de civiles al borde de la inanición, cuyas vidas transcurren en medios de las bombas y el temor constante.

Desde que, el 23 de marzo, las fuerzas iraquíes iniciaron su ofensiva militar para recuperar la ciudad de Faluya, un coro de voces, al que se han unido, entre otros, las Naciones Unidas y organizaciones humanitarias y de derechos humanos, han clamado por la vida y la seguridad de los, aproximadamente, 50.000 civiles que siguen atrapados en la ciudad asediada.

Como los combatientes del ISIS prohíben el uso de teléfonos e Internet, y reprimen brutalmente cualquier forma de disidencia y comunicación con el mundo exterior, es imposible conocer con precisión el grado de sufrimiento de la población civil de Faluya.

Sin embargo, los ciudadanos y ciudadanas que consiguieron escapar transmitieron a Amnistía Internacional estremecedores relatos sobre los peligros que acechan a quienes huyen de la ciudad. Éstos se exponen, por ejemplo, a ser capturados por combatientes del ISIS e inmediatamente ejecutados, a recorrer traicioneras rutas atestadas de minas y otros restos de explosivos de guerra, y a caer detenidos o víctimas de represalias de las Unidades de Movilización Popular(milicias predominantemente chiíes, respaldadas por el gobierno).

Una persona que residía a las afueras de Faluya y consiguió llegar el 24 de mayo a un campo para personas internamente desplazadas en Amariyat al Faluya, nos describió la desesperada situación que se vivía en la ciudad, sitiada desde hace meses:

“No hay nada en Faluya: ni comida, ni servicios médicos, ni electricidad, ni gas… Teníamos que ir a por agua a la orilla [del río], y sacar los dátiles que teníamos guardados desde hacía cinco años, para dar de comer a nuestros hijos [… ]. Vivíamos en medio de innumerables bombardeos. Mi sobrina perdió la vida hace seis meses, en un bombardeo, igual que otros familiares […]. Desde que he llegado aquí, ya me he enterado de la muerte de dos primos más”.

Un hombre que llegó al campo el 23 de mayo nos narró su tortuoso viaje para huir de las afueras de Faluya. Así, nos explicó que junto a 87 personas más, incluidos niños y ancianos, caminó durante cuatro horas, atravesando acequias, hasta caer bajo el fuego de las fuerzas del ISIS.

“A mi hermano de 11 años le dispararon en la pierna, así que lo llevé a hombros el resto del día […]. Me enteré de que esa noche habían matado a una mujer y a su bebé cuando iban de camino […]. Sabíamos que el viaje sería duro, pero no podíamos quedarnos […]. La situación en la ciudad era desesperada […]. La gente se muere de hambre, y algunos se suicidan”, afirmó.

Una mujer que había hecho el mismo viaje un día después, junto con otras 19 familias, explicó a Amnistía Internacional que los combatientes del ISIS no dejaban salir a la gente.

“Nos tuvieron que sacar a escondidas […]. Fue un viaje muy difícil: caminábamos un rato, y luego nos sentábamos a descansar […]. No nos llevamos nada, sólo a nuestros hijos a la espalda […]. Nos dijeron que había minas en el camino; oímos que una mujer había pisado una y había muerto”.

Tanto el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, como el ayatolá Ali al Sistani, el más eminente clérigo chií de Irak, han pedido a las fuerzas que están intentando recuperar Faluya que protejan a la población civil. Sin embargo, no está claro hasta qué punto se van a seguir estos llamamientos, pues la noticias que llegan hablan de intensos bombardeos sobre la ciudad. Las fuerzas iraquíes deben tomar todas las precauciones posibles para proteger a las población civil, y abstenerse de utilizar armas explosivas con amplias zonas de impacto, como artillería y morteros, en zonas civiles. Varios residentes manifestaron ante Amnistía Internacional su temor de que el ISIS estuviera intentando utilizar a la población civil como escudo humano –sobre todo en el centro de la ciudad–, lo que constituiría una violación grave del derecho internacional humanitario.

Otras personas residentes en Faluya podrían verse disuadidas de abandonar la ciudad por temor a las represalias y los castigos de las milicias, debido a su presunto apoyo al ISIS. En un vídeo ampliamente difundido antes de la ofensiva sobre Faluya, Aos al Khafaji, uno de los jefes de la milicia Abu Fadl al Abas –parte, a su vez, de las Unidades Populares de Movilización– llamó a la “purificación” de la ciudad de Faluya, que calificó de “fuente de terrorismo”. Es crucial que las autoridades iraquíes faciliten la salida segura de la población civil que desee abandonar Faluya, e impidan los ataques de represalia.

Algunas de las personas que han escapado de Faluya han asegurado a Amnistía Internacional que, inicialmente, todos los hombres quedaban detenidos, en teoría para ser sometidos a controles de seguridad e interrogatorios.

Una vez vimos al ejército, y enarbolamos banderas blancas; los hombres fueron separados de las mujeres y los niños […]. A nosotros [los hombres] nos llevaron a la Dirección [comisaría de policía] de Amiriyat [Al Faluya], donde nos tuvieron tres noches, y nos interrogaron agentes con uniforme militar”, rememoró uno de los hombres que habían escapado.

Posteriormente –explicó–, los llevaron en automóvil, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, a una unidad del ejército. En los puestos de control, miembros de las Unidades de Movilización Popular les propinaron patadas, los insultaron y los golpearon. Finalmente, los dejaron en libertad, tras haber buscado sus nombres en una base de datos informática.

Según cálculos de la ONU, desde el 22 de mayo han huido de la ciudad y sus suburbios unas 800 personas. Probablemente, a lo largo de los próximos días, oigamos más relatos sobrecogedores, a medida que consigan escapar más personas. Sólo podemos esperar que les permitan salir sanos y salvos de la ciudad, y que algún tengan casas y familias a las que regresar. Por otro lado, es preciso facilitar de inmediato ayuda humanitaria a quienes continúan atrapados en Faluya, para que nadie muera de hambre en la ciudad.

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