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LA UE SE ARRIESGA A AGRAVAR LOS TERRIBLES ABUSOS QUE SUFREN LAS PERSONAS REFUGIADAS Y MIGRANTES EN LIBIA

14, Jun. 2016 | Categoría: ,

UEInmigrantesLibiaAmnistiaInternacionalCon sus planes de estrechar su cooperación con Libia sobre temas migratorios, la UE corre el peligro de exacerbar los malos tratos generalizados y la detención indefinida en terribles condiciones que sufren miles de personas refugiadas y migrantes, ha dicho Amnistía Internacional.

El mes pasado, la UE anunció su intención de prorrogar por un año la Operación Sophia, su misión naval contra el tráfico de personas en el Mediterráneo, y formar a la guardia costera libia, mejorando su capacidad y compartiendo con ella información, a petición del nuevo gobierno de este país. Sin embargo, los testimonios recogidos durante las visitas a Sicilia y Puglia en mayo de 2016 ponen de manifiesto los abusos alarmantes cometidos por la guardia costera libia y en centros de detención en ese país.

Amnistía Internacional habló con 90 personas que sobrevivieron a la peligrosa travesía marítima entre Libia e Italia, entre las que había al menos 20 personas refugiadas y migrantes que hablaron de disparos y golpes mientras los guardias costeros los recogían y de horribles torturas y otros malos tratos en centros de detención. En una ocasión, la guardia costera libia abandonó una embarcación dejando que se hundiera con las aproximadamente 120 personas que había a bordo.

“Europa no debe ni siquiera pensar en suscribir acuerdos de cooperación con Libia en temas migratorios si su resultado directo o indirecto es este tipo de escandalosas violaciones de derechos humanos. A estas alturas, la UE ha mostrado reiteradamente que está dispuesta a impedir la llegada al continente de personas refugiadas y migrantes casi a cualquier precio, dejando muy de lado los derechos humanos», ha dicho Magdalena Mughrabi, directora adjunta temporal del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

“No hay duda de que la capacidad de búsqueda y salvamento de la guardia costera Libia debe mejorar para salvar vidas en el mar, pero la cruda realidad en este momento es que los guardacostas están interceptando y devolviendo a miles de personas a centros de detención donde sufren tortura y otros abusos. Es fundamental que cualquier medida de apoyo de la UE no agrave y perpetúe la horrorosas violaciones de derechos humanos de las que los ciudadanos extranjeros en Libia tratan de escapar tan desesperadamente.»

El 7 de junio, la Comisión Europea anunció nuevos planes para ampliar la cooperación y la asociación con terceros países claves de la región para gestionar la migración, señalando a Libia como uno de los países prioritarios.

A pesar de la violencia y el desgobierno generalizados en Libia, donde volvieron a estallar los conflictos armados en 2014, cientos de miles de personas refugiadas y migrantes, la mayoría procedentes del África subsahariana, continúan viajando a este país, huyendo de guerras, persecuciones o condiciones de pobreza extrema en países tales como Eritrea, Etiopía, Gambia, Nigeria y Somalia, y habitualmente con la esperanza de llegar a Europa. Otras llevan viviendo años en Libia, pero desean huir de allí porque, al no contar con la protección de ningún gobierno, viven en el constante temor de ser detenidas, golpeadas y robadas por bandas locales o por la policía.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), sólo en los primeros cinco meses de este año más de 2.100 personas perdieron la vida intentando realizar la peligrosa travesía marítima a Italia. Más de 49.000 sobrevivieron al viaje, prácticamente todas ellas rescatadas por las fuerzas navales europeas, las ONG y buques mercantes.

Abusos de la guardia costera libia

La guardia costera libia interceptó en el mar al menos a 3.500 personas entre el 22 y el 28 de mayo de 2016 y las transfirió a centros de detención.

Abdurrahman, un eritreo de 23 años, describió los malos tratos que sufrió cuando la sobrecargada embarcación en la que viajaba, con capacidad para 50 personas, pero que transportaba a 120, fue interceptada por miembros de la guardia costera libia en enero de 2016.

“Hicieron desembarcar a todo el mundo y nos golpearon con mangueras de plástico y palos […] Luego le dispararon a un hombre en el pie. Como era el último que salía de la embarcación, le preguntaron dónde estaba el piloto y, cuando les dijo que no lo sabía, le dijeron: ‘eso quiere decir que eres tú’, y le dispararon», contó Abdurrahman.

Otro eritreo, Mohamed, de 26 años, dijo que los agentes de la guardia costera libia que los habían interceptado abandonaron después a su suerte en el mar a las 120 personas que iban a bordo de su embarcación neumática, que se estaba hundiendo.

“Uno de los guardias costeros libios subió a bordo de nuestra embarcación para conducirla de nuevo a Libia. Cuando estábamos casi a medio camino, el motor dejó de funcionar. [El agente] estaba muy contrariado y regresó a su embarcación. Escuché cómo decía: ‘Si se mueren, que se mueran», antes de volver a su embarcación, que se alejó dejándonos a la deriva en el mar», relató.

Al final, los ocupantes de la embarcación consiguieron arreglar el motor, pero seguía entrándole aire, así que tuvieron que regresar a Libia.

En octubre de 2013, Amnistía Internacional documentó el hundimiento de un arrastrero alcanzado por los disparos de una nave libia sin identificar. La embarcación empezó a hacer agua y después se hundió con unos 200 ocupantes (hombres, mujeres y niños y niñas). Algunos de los supervivientes denunciaron que les había disparado la guardia costera libia. Nunca se hicieron públicos los resultados de la investigación sobre el incidente.

Terribles abusos en los centros de detención libios

Según agentes de la guardia costera libia, las personas refugiadas y migrantes interceptadas en la travesía son devueltas sistemáticamente a centros de detención de inmigrantes en Libia.

Desde 2011, Amnistía Internacional ha recogido decenas de testimonios de personas –hombres, mujeres y niños y niñas no acompañados– que estuvieron en detenidas estos centros y que cuentan terribles condiciones, violencia y abusos sexuales en centros de este tipo de toda Libia. Los últimos testimonios recogidos muestran que los abusos continúan.

Los centros están administrados por el Departamento de Lucha contra la Migración Irregular, en teoría bajo el control del Ministerio del Interior de Libia, pero en la práctica en muchos casos están dirigidos por miembros de grupos armados. El gobierno de unidad nacional Libio, que cuenta con el respaldo internacional, aún no ha conseguido el control real de estos centros. Según el ACNUR, actualmente hay 24 centros de este tipo en toda Libia.

Las leyes del país tipifican como delito entrar, salir y permanecer en Libia irregularmente, y permiten la detención indefinida de extranjeros con el fin de expulsarlos. Las personas detenidas suelen permanecer meses en estos centros, sin poder acceder a sus familiares, a abogados ni a jueces, ni recurrir su detención o acceder a algún tipo de protección, al no tener Libia ninguna ley o sistema nacional de asilo. Las expulsiones se llevan a cabo sin ninguna salvaguardia o evaluación de las peticiones individuales.

“El hecho de que sea posible detener indefinidamente a alguien en Libia sólo por ser inmigrante es indignante. En vez de concedérseles protección, las personas refugiadas y migrantes acaban siendo torturadas y maltratadas bajo custodia. Como primera medida, Libia debe poner fin urgentemente a la detención ilegal y la tortura y los malos tratos de ciudadanos extranjeros, y adoptar leyes de asilo que garanticen que se concede refugio a las personas necesitadas de protección internacional», ha dicho Magdalena Mughrabi.

Personas que estuvieron detenidas –en algunos casos interceptadas en el mar, y en otros detenidas en las calles en Libia– afirmaron que los guardias los golpeaban diariamente con palos, mangueras, cables eléctricos y rifles, y que les administraban descargas eléctricas.

Un eritreo de 20 años cuya embarcación fue interceptada en el mar por la guardia costera Libia en enero de 2016, afirmó que lo enviaron directamente a un centro de detención situado en Al Zawiya, en el oeste de Libia, donde lo golpearon reiteradamente.

“[Los guardias] nos pegaban tres veces al día con un cable eléctrico que doblaban tres veces para que hiciera más daño», dijo un hombre recluido en el centro de detención de Abu Slim, en Trípoli, donde la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) afirma que hay al menos 450 personas. Este hombre afirmó que los detenidos dormían a la intemperie en condiciones extremas de calor y frío. Los guardias solían rociar con agua la zona obligándolos a dormir sobre el suelo húmedo y frío.

Charles, nigeriano de 35 años, que estuvo recluido en cinco centros de detención distintos tras ser parado en las calles de Trípoli en agosto de 2015, contó a Amnistía Internacional:

“Nos pegaban todo el tiempo, todos los días […] En una de esas palizas me rompieron el brazo y me llevaron al hospital, pero allí no me dieron medicina alguna. Nos pegaban con palos y con sus armas, y a veces nos daban descargas eléctricas.»

Cuando los guardias lo amenazaron con la expulsión, Charles respondió: «Cualquier cosa será mejor que este infierno».

Un etíope de 28 años, detenido con su esposa en un puesto de control cuando intentaban llegar al oeste de Libia, pasó cuatro meses en el centro de detención de Kufra, en el sudeste del país. Según contó, lo golpeaban frecuentemente, lo encerraban en una caja, lo azotaban y lo quemaban con agua hirviendo. Su esposa dijo que la persona encargada del centro la golpeaba con frecuencia a ella y al resto de las mujeres que estaban allí detenidas. Al final, la pareja pudo comprar su libertad.

En ninguno de los centros de detención administrados por el Departamento de Lucha contra la Migración Irregular hay mujeres guardias, lo cual incrementa el peligro de que se produzcan abusos sexuales.

Varias personas afirman haber presenciado la muerte de personas refugiadas o migrantes detenidas, bien por disparos o bien por golpes de los guardias.

“Los guardias nos golpeaban si decíamos que teníamos hambre […] Nos hacían tendernos boca abajo y dos de ellos nos golpeaban con una manguera […] Vi cómo dispararon a un chadiano delante de mí sin motivo alguno. Lo llevaron al hospital, pero murió en la cárcel cuando lo trajeron de nuevo. En su expediente indicaron que había muerto en accidente de tráfico. Lo sé porque me hacían trabajar [sin remuneración] todo el día en el archivo», declaró un eritreo de 19 años detenido en el centro de detención de Abu Slim.

Otro eritreo que pasó cinco meses desde octubre de 2015 en un centro de detención de inmigrantes en Al Zawiya, también dijo que presenció cómo los guardias habían matado a golpes a un detenido. Después habían envuelto el cadáver en una manta y se lo habían llevado. Ese mismo testigo describe otro incidente en el que los guardias dispararon contra siete hombres en su celda que no habían entendido la orden de que se levantaran, que los guardias habían dado en árabe. En abril de 2016, la UNSMIL pidió que se investigara la muerte a tiros de cuatro personas que trataban de escapar de las terribles condiciones de un centro de detención en Al Zawiya.

Los ex detenidos se quejaron también de falta de comida, agua potable, atención médica deficiente y malas condiciones debido a las pocas instalaciones sanitarias, que, según dijeron muchos, habían ocasionado enfermedades de la piel. Explicaron que, incluso cuando acudían a verlos médicos de organizaciones humanitarias, sólo les enseñaban a un reducido número de detenidos, que solían estar demasiado asustados como para denunciar las heridas causadas por los guardias. Éstos, además, se quedaban con las medicinas que les daban.

«La UE no puede hacer caso omiso de estas verdaderas historias de terror sobre los estremecedores abusos perpetrados diariamente contra personas extranjeras en Libia. Antes de elaborar ninguna política o programa sobre migración, debe haber garantías sólidas de que las personas refugiadas y migrantes son plenamente respetadas en Libia, algo que es muy improbable que suceda en un futuro próximo», ha afirmado Magdalena Mughrabi.

Discriminación religiosa

Los cristianos cada vez corren más peligro de sufrir malos tratos en los centros de detención de Libia. Omar, eritreo de 26 años recluido en un centro de detención en Al Zawiya, afirmó: “Odian a los cristianos. Si eres cristiano, que Dios te ayude si lo descubren […] Si te ven una cruz o algún tatuaje [religioso], te pegan mucho más.»

Otro ex detenido de Nigeria contó que los guardias del centro de detención de Misrata separaban a los hombres según su religión y azotaban a los que eran cristianos.

«Al principio les dije que no iba a cambiar de religión aunque estaba en un país musulmán. Me sacaron fuera y me azotaron. La vez siguiente, mentí y dije que era musulmán», contó.

Semre, eritreo de 22 años al que golpearon mientras estaba detenido tras ser interceptada su embarcación en el mar en enero, también contó que los cristianos eran tratados mucho peor con diferencia.

“Me pegaron, me quitaron el dinero y tiraron mi biblia y la cruz que llevaba al cuello […] Primero comprobaban si tenías dinero en los bolsillos y luego te azotaban con un cable eléctrico», contó.

Explotados, extorsionados o vendidos a traficantes

Los testimonios recogidos por Amnistía Internacional sugieren que la única esperanza de quedar libres que tienen los detenidos es escaparse, comprar su libertad o ser vendidos a traficantes de personas. Muchos son explotados y obligados a trabajar sin remuneración o extorsionados económicamente. Los hacen trabajar en los centros de detención o los venden como mano de obra a hombres libios.

Daniel, ghanés de 19 años detenido en marzo de 2014, contó que su única opción de librarse de las reiteradas palizas y malos tratos que sufría en detención había sido intentar escapar, pues no tenía el dinero que los guardias le pedían a cambio de su libertad.

“Estuve allí tres meses, porque no tenía dinero para pagar a la policía. Me tomaron como esclavo, tenía que hacer todo tipo de trabajos, tareas agrícolas, acarrear arena o piedras […] Nunca me pagaron. Cuando les decía que tenía hambre, me gritaban. Me daban agua con gasolina. O le echaban sal, sólo para castigarme», contó.

“Me dieron un teléfono para que pidiera a mi familia que les enviara dinero a cambio de dejarme en libertad. Yo no tengo familia, soy huérfano de padre y madre. Como no podía llamar a nadie, me pegaban y no me daban comida.»

En algunos casos, las personas detenidas escapaban o eran liberadas por los hombres para los que tenían que trabajar, que las ayudaban a conseguir plaza en una embarcación a cambio de su trabajo.

En otros, los traficantes negociaban la liberación de los detenidos –a menudo sobornando a los guardias del centro de detención– para que les pagaran por otra travesía por mar, unos 1.000 dólares estadounidenses por cabeza. Mohamed, detenido en un centro de detención de Al Zawiya tras ser interceptada su embarcación en enero de 2016, dijo que los traficantes habían dado a los guardias «automóviles llenos de mercancías» a cambio de dejarlo en libertad.

“Europa no puede seguir eludiendo su responsabilidad en esta crisis de refugiados global sin precedentes. Para evitar ser cómplice de que se mantenga a las personas refugiadas y migrantes atrapadas en un círculo vicioso de abominables abusos en Libia, la UE debe centrar sus esfuerzos en asegurarse de que la guardia costera Libia lleva a cabo sus operaciones ajustándose a los derechos humanos, de que ninguna persona refugiada o migrante es detenida ilegalmente y, en definitiva y para empezar, de que hay alternativas a esa peligrosa travesía. Esto significa incrementar radicalmente el reasentamiento en Europa y conceder admisiones y visados por razones humanitarias», ha dicho Magdalena Mughrabi

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