Perspectivas globales de una crisis

La pandemia de COVID-19 afecta a todas las personas, pero el virus —y las medidas implementadas para contener su propagación— afecta a cada persona de forma diferente y no hay una solución única aplicable a todos los casos. Si no tienes acceso a agua corriente, por ejemplo, es imposible seguir los consejos para lavarse las manos. Si vives en un campo de personas refugiadas o en un asentamiento informal, no es factible mantener la distancia social.

Personas de todo el movimiento de Amnistía Internacional han contado sus experiencias del brote hasta ahora. A continuación, podrás leer historias de 17 países, entre ellos España, Nepal, Brasil, Nigeria, Filipinas y Canadá.

Muestran cómo la pandemia ha agravado las desigualdades preexistentes y por qué los gobiernos tienen que adaptar sus respuestas a situaciones concretas.

Pero también muestran cuánto tenemos en común. Todas las personas queremos vivir a salvo una vida sana y saber que nuestras familias están bien. Todas queremos que se nos trate con dignidad y respeto. Y todas buscamos diferentes estrategias para hacer frente a estos tiempos, extraños y temibles, y descubrimos momentos de esperanza.

¿De qué manera está afectando la COVID-19 en distintas partes del mundo?

Jaime, Hong Kong

Jaime es lideresa juvenil de Amnistía Internacional Hong Kong.

Ahora mismo, tengo dudas. Fuimos uno de los primeros lugares afectados por el brote, a finales de enero, y aunque en general hemos logrado contener el virus, nos acaba de alcanzar una segunda oleada de nuevos casos.

Hong Kong no está técnicamente en confinamiento, pero tanto las medidas de precaución que ha impulsado la ciudadanía como las impuestas por el gobierno están en vigor desde principios de enero. Pudimos actuar con rapidez porque no es la primera vez que nos enfrentamos a un brote en gran escala de un virus: el recuerdo del SARS en 2003 siguen grabado en la memoria de la población de Hong Kong y enseguida nos dimos cuenta de la importancia de la solidaridad y de asumir la responsabilidad colectiva durante una crisis de salud pública.

Esta solidaridad y responsabilidad colectiva es también lo que me da esperanza. Durante la escasez inicial de comida y material sanitario, grupos de personas voluntarias llevaban paquetes de ayuda a las personas de más edad. Todo el mundo llevaba mascarillas para evitar infectarse e infectar a otras personas. La gente tenía mascarillas extra para dar a quienes no podían conseguirlas. Mucha gente decidió actuar y empezó a producir grandes cantidades de desinfectante de manos en su propia casa para repartir en su comunidad. Todo el mundo ha mostrado un enorme apoyo a nuestros trabajadores y trabajadoras sanitarios.

En tiempos como estos, es evidente que tenemos que pensar más allá de nosotros mismos y trabajar unidos para hacer frente a esta crisis de salud pública, desinformación y desigualdad.

Bob, Jersey

Bob es un miembro de Amnistía que vive en Jersey. En 2013 fue nombrado Miembro del Imperio Británico (MBE) por el papel que desempeñó ayudando a huir a presos y presas rusos durante la ocupación nazi.

Pronto cumpliré un año con dos ceros. Vivo en Jersey y tal vez sepan que estas islas estuvieron ocupadas por las fuerzas alemanas durante casi cinco AÑOS de represión, carestía y una auténtica hambruna el invierno del asedio de 1944/45. En esos cuatro meses no hubo raciones de combustible, gas para cocinar ni electricidad. Nada.

Hay ciertos paralelismos entre esa época y hoy. Lo que destacaba era cómo se agudizaron las personalidades. Uno aprendía enseguida que había más personas positivas que negativas; y esto se aplicaba por igual entre quienes sufrimos la ocupación y entre nuestros controladores alemanes.

Las personas que siempre habían sido generosas, inclinadas a dar, alcanzaron casi la santidad. Quienes siempre habían tenido un rasgo de tacañería, egoísta, en su carácter, se convirtieron en auténticos malnacidos.

Robert, Ghana

Me llamo Robert y soy el director de Amnistía Ghana. Ghana está actualmente en confinamiento parcial. Mis consejos para conservar el optimismo y la calma son quedarse en casa y cuidarse; aprovechar el tiempo libre para aprender y leer libros; pasar tiempo lejos de las pantallas y jugar con las personas con las que vives; prestar atención a tu dieta y hacer ejercicio con frecuencia si puedes; y meditar.

En Ghana hay mucha gente preocupada por la conducta de la policía y las fuerzas armadas que están haciendo cumplir la orden. Ghana ha aprobado una ley dentro de este periodo que, en mi opinión, es problemática para los derechos humanos. La Ley de Imposición de Restricciones busca dar a este presidente y a los sucesivos el poder de reducir algunas libertades consagradas en nuestra Constitución por ciertos motivos, algo de lo que, a mi parecer, se puede abusar si no se controla.

Además, la forma en que el gobierno está tratando en este periodo a las personas pobres, a las que carecen de hogar y a las indigentes es preocupante. Era evidente que no se tuvo en cuenta a estas personas a la hora de tomar decisiones importantes.

E-Ling, Taiwán

E-ling Chiu es directora de Amnistía Internacional Taiwán.

Dado que Taiwán está excluida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y debido a la trágica experiencia del SARS, hemos prestado mucha atención a la evolución de la pandemia desde el principio.

Ahora mismo, todo el mundo tiene que llevar mascarilla en el transporte público. Todos los hospitales y residencias han dejado de recibir visitas de amistades y familiares.

Taiwán ha logrado contener el virus hasta ahora. Pero me preocupa cómo está cooperando el gobierno en la vigilancia con las empresas de telecomunicaciones. Se están recogiendo datos de localización de la gente y no hay información sobre cuánto va a durar esto.

Además, el gobierno no ha tenido hasta ahora una política clara para proteger a las personas sin hogar, las migrantes en situación irregular y las solicitantes de asilo.

Taiwán no está en confinamiento, así que no tengo que aislarme. Pero mis amistades sí han tenido experiencias de cuarentena cuando vuelven a Taiwán de otros países. Algunas siguen en el extranjero.

A veces me pregunto si estaré infectada, aunque no he salido al extranjero ni tengo fiebre. Cada vez hay más y más desconfianza en nuestra sociedad.

También me preocupa que la ira de la población taiwanesa hacia la OMS afecte a su opinión hacia otras OIG.

Estoy tratando de hacer yoga, de hacer inspiraciones profundas y exhalar despacio. Intento hacer algo bueno para otras personas, cuidar a mis amistades o colegas en otros países. Les mando saludos cordiales desde Taiwán.

Raul, Brasil

Me llamo Raul Santiago y soy activista de derechos humanos y periodista. Tengo 31 años y vivo en la favela Complexo do Alemão, en el norte de Río de Janeiro.

La pandemia de coronavirus es muy difícil aquí. Mucha gente vive en alojamientos precarios de pocas habitaciones y muchas personas. Las familias muy pobres no tienen nada que comer cuando tienen que aislarse socialmente y están teniendo que depender de los donativos de comida.

Consejos básicos de la Organización Mundial de la Salud, como lavarse las manos varias veces al día, son imposibles de cumplir para muchas personas aquí. Hace falta solidaridad para superar la desigualdad y el virus.

La reciente pandemia está poniendo de manifiesto las desigualdades en mi país y en otros. El agua es un derecho humano, pero aquí sigue faltando. El saneamiento básico es lo mínimo que debería tener la gente para vivir con dignidad, pero las cloacas abiertas continúan siendo una realidad.

«Hacemos lo que podemos con lo mínimo», Raúl.

La mayoría de la gente que vive donde yo vivo, si la sometieran hoy a una cuarentena total, no tendría agua apta para el consumo ni nada que comer; empezarían a pasar hambre en menos de una semana.

Nos faltan los recursos mínimos para poder contener la propagación de este virus, y esto es porque no se garantizan nuestros derechos humanos más básicos. Necesitamos toda la ayuda posible.

Formo parte de un grupo de activistas que ha creado una oficina de crisis aquí, en Complexo do Alemão. Tratamos de hacer labores de concienciación y prevención, además de pedir donaciones para ayudar a las personas en pobreza extrema que viven aquí.

Recibimos peticiones de ayuda todos los días: de comida, de agua y de simples productos de limpieza. Es apremiante. Hacemos lo que podemos con lo mínimo y sin recursos del gobierno.