Misión y Visión

La visión de Amnistía Internacional es la de un mundo en el que todas las personas disfrutan de todos los derechos humanos proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en otras normas internacionales de derechos humanos.

Animada por esta visión, la misión de Amnistía Internacional consiste en realizar labores de investigación y acción centradas en impedir y poner fin a los graves abusos contra todos estos derechos.

En Chile, Amnistía Internacional moviliza a personas voluntarias que contribuyen a la construcción de una cultura que valora, promueve y defiende los derechos humanos.

  1. Orígenes del movimiento

 

“La vela no arde por nosotros, sino por todos aquellos que no conseguimos sacar de prisión, que fueron abatidos camino de prisión, que fueron torturados, secuestrados o víctimas de ‘desaparición’. Para eso es la vela.”

 

Peter Benenson,

Fundador de Amnistía Internacional

Amnistía Internacional está presente hoy en más de 150 países y cuenta con más de 7 millones de activistas en el mundo. Fue fundada en 1961 por Peter Benenson, este abogado británico leyó un día en la prensa que unos estudiantes portugueses habían sido encarcelados por brindar a favor de la libertad en su país. Este hecho fue el catalizador que le llevó a publicar, el 28 de mayo de 1961, el artículo “Los presos olvidados” donde emplazaba a personas de todo el mundo a actuar enviando cartas para conseguir la excarcelación de los seis reclusos a los que denominó presos de conciencia: personas encarceladas por sus convicciones políticas, religiosas u otros motivos de conciencia, sin recurrir a la violencia ni propugnado su uso.

 

Un nuevo activismo

Debido a su emplazamiento, se puso en marcha la campaña mundial “Llamamiento por la amnistía 1961” (Appeal for Amnesty 1961 en inglés). Se publicó  su artículo en periódicos de todo el mundo y se logró la participación de más de un millar de personas. Quizá sin darse cuenta, Benenson había dado forma a un tipo de activismo que daría excelentes resultados en la lucha contra la injusticia, donde la acción de muchas personas anónimas se unía en defensa de los derechos humanos de otras.

Seguido de este hecho, en julio de 1961, se celebró la primera reunión internacional a la que asistieron las delegaciones de Bélgica, Reino Unido, Francia, Alemania, Irlanda, Suiza y Estados Unidos, donde se decidió establecer un “movimiento internacional permanente en defensa de la libertad de opinión y de religión”. Al año siguiente, en una conferencia celebrada en Bélgica, se decidió fundar la organización que llamarían Amnistía Internacional.

 

Lo que empezó como un acto puntual, pronto se transformó en un movimiento internacional de carácter permanente. Al cabo de un año, la nueva organización ya había enviado delegaciones a cuatro países para elevar protestas en favor de nuevas víctimas y se había hecho cargo de 210 casos.

 

A medida que Amnistía Internacional crecía, su foco de atención se fue ampliando a víctimas de otros abusos de derechos humanos, como la tortura, las desapariciones forzadas y la pena de muerte.

En 1977, los esfuerzos del movimiento fueron recompensados con el premio Nobel de la Paz, y en 1978, la organización fue galardonada con el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En la actualidad Amnistía Internacional es miembro consultivo de las Naciones Unidas, así como de otras instancias.

 

Amnistía Internacional hoy en día

Desde “Los presos olvidados”, Amnistía Internacional ha pasado de ser una sola oficina en Londres a un movimiento global de derechos humanos de más de 7 millones de personas. También ha ampliado el ámbito de trabajo, inicialmente limitado a la situación de los presos de conciencia, los juicios justos y la pena de muerte, para incorporar trabajo por todos los derechos humanos internacionalmente reconocidos, incluyendo los derechos económicos, sociales y culturales.

 

Amnistía Internacional ha alcanzado innumerables éxitos, desde ver a miles de presos y presas de conciencia en libertad, conseguir la adopción de tratados internacionales y la modificación de legislaciones claves, hasta lograr que poderosos gobiernos y corporaciones rindan cuentas de las violaciones a los derechos humanos.

 

Sin embargo, aún persisten muchos y graves problemas pero tenemos la convicción de que nuestro movimiento puede cambiar esta situación. Sabemos dónde están los puntos de inflexión y conocemos el poder de los/as activistas en todo el mundo.