En una nueva investigación publicada hoy por Amnistía Internacional, varias personas que han estado recluidas en prisiones de Hong Kong han hablado de las condiciones inhumanas y degradantes que imperan en esos centros. La organización ha pedido a las autoridades que investiguen urgentemente la situación en los centros penitenciarios de la ciudad.
Nueve personas que estuvieron recluidas entre 2016 y 2023 han denunciado violencia física, reclusión prolongada en régimen de aislamiento, condiciones insalubres y temperaturas peligrosamente altas en verano durante su encarcelamiento en 11 prisiones del territorio.
“Estos relatos de la vida en las prisiones de Hong Kong, procedentes de personas que han estado recluidas en ellas, revelan un patrón de malos tratos que ha causado importantes daños mentales y físicos y que exige una investigación inmediata”, ha manifestado Sarah Brooks, directora regional adjunta de Amnistía Internacional.
“Someter a la población reclusa a calor extremo, condiciones antihigiénicas y castigos violentos constituye trato cruel, inhumano o degradante, y puede constituir tortura en virtud del derecho internacional. El gobierno de Hong Kong debe poner fin a esta cultura de abusos y garantizar que los responsables de las violaciones de derechos humanos que se cometen en sus prisiones rinden cuentas de sus actos.”
Las autoridades de Hong Kong respondieron a Amnistía para refutar esas denuncias, a las que calificaron de “difamación maliciosa”.
“Oía gritos y los sonidos de un ‘ala de pollo’”
Tony Chung, activista político recluido en el Centro Penitenciario de Pik Uk para delincuentes juveniles desde octubre de 2020 hasta abril de 2022, contó a Amnistía Internacional que la violencia de los funcionarios de prisiones contra los internos era práctica habitual.
“A veces, cuando los funcionarios estaban molestos con un interno, lo llevaban a un pasillo en el que no había cobertura de circuito cerrado de televisión, y entonces oía al interno gritar y los sonidos de un ‘ala de pollo’”, relató. “Ala de pollo” es un término utilizado para describir una práctica en la que los funcionarios golpeaban al interno en los omóplatos con los codos, un método concebido para evitar dejar contusiones visibles.
Peter*, que estuvo recluido en el mismo centro desde 2016 y hasta 2017 o 2018, según sus propias palabras, por delitos relacionados con protestas, contó que un guardia le había agredido el primer día porque no sabía cómo dirigirse adecuadamente al personal.
“En los centros de menores, los internos deben utilizar frases específicas para dar su nombre y mantener su carnet de identidad delante del pecho”, dijo. “Yo no lo sabía porque era nuevo, así que me dieron ocho bofetadas como castigo.”
Según contó Peter, los guardias utilizaban el castigo corporal para afirmar su autoridad e infundir miedo en el centro.
“Podían darte una paliza si tu manta no estaba bien doblada o si no tenías las manos suficientemente firmes y derechas mientras estabas de pie”, relató. “Una vez me pidieron que memorizara el reglamento de la prisión, y de repente me ordenaron que lo recitara en sentido inverso. Cada vez que me equivocaba en una palabra, me golpeaban en las plantas de los pies. Al final, las tenía moradas.”
Los relatos de las personas que han estado recluidas parecen corroborar denuncias previas de violencia a manos de agentes del Departamento de Servicios Penitenciarios. En 2017, un medio de comunicación de Hong Kong entrevistó a 50 exdelincuentes juveniles que describieron abusos extremos, tanto físicos como psicológicos, por parte de agentes del Departamento de Servicios Penitenciarios: entre otras cosas, les propinaban palizas y los obligaban a beber orina y comer heces. En 2020, un funcionario abofeteó, según los informes, a decenas de menores bajo custodia por cantar una canción protesta.
“En las celdas teníamos que estar totalmente desnudos”
En Hong Kong, los veranos son extremadamente calurosos y húmedos, con temperaturas que a primera hora de la tarde a menudo superan los 31° C. “Giggs” Edmund Wan, que realizaba un programa de radio online en favor de la democracia, permaneció en 2021 en la Prisión de Stanley aproximadamente 20 meses, incluidos dos veranos. Contó a Amnistía Internacional que en los meses de verano la celda era “como un horno”, con una sensación de “más de 40° C”.
“Todas las noches, antes de volver a nuestras celdas, hacíamos cola ante el aseo del comedor para usar la manguera y refrescarnos echándonos agua por el cuerpo”, contó. “Pero lo cierto es que no hacíamos más que engañarnos. Para cuando volvíamos de los aseos a las celdas ya estábamos otra vez empapados de sudor.”
Aunque en la Prisión de Stanley había un ventilador de techo instalado en cada celda, Wan dijo que estaba estrechamente encajado en una red de alambre que bloqueaba el flujo de aire y hacía que el ventilador fuera “completamente inútil”.
“En las celdas teníamos que estar totalmente desnudos, sin ropa interior siquiera. Oía a compañeros gritar de dolor, y a algunos tuvieron que hospitalizarlos a causa del calor”, contó Wan.
Amy*, que durante el verano de 2023 estuvo recluida en régimen de aislamiento en la Institución Penitenciaria de Lo Wu, dijo que su celda no tenía ventanas y que a ella le brotó un sarpullido por calor. “Incluso los agentes estaban totalmente empapados de sudor”, añadió.
En 2024, la activista encarcelada Chow Hang-tung presentó una apelación contra las normas que exigían que, en las prisiones, las mujeres —pero no los hombres— llevaran pantalón largo durante todo el año pese al calor extremo del verano.
“Apenas podías ver el sol”
Las normas penitenciarias de Hong Kong establecen dos tipos de reclusión en régimen de aislamiento, y los dos violan las normas internacionales. La norma 63 permite la reclusión punitiva en régimen de aislamiento durante hasta 28 días por infracciones disciplinarias. La norma 68B autoriza la reclusión administrativa en régimen de aislamiento inicialmente durante 72 horas y por un periodo adicional de hasta un mes con propósitos no punitivos vagamente formulados.
Según su relato, durante el tiempo que pasó recluido en Pik Uk, Chung fue recluido en régimen de aislamiento en virtud de la norma 63 en al menos tres ocasiones, en lo que él consideraba que eran actos de represalia, no medidas disciplinarias legítimas.
“Una vez, durante una visita, conté a un amigo que había tenido que hacer ejercicios repetitivos durante más de tres horas porque los agentes consideraban que hacíamos demasiado ruido por la noche. Mi amigo lo publicó en sus redes sociales y, una semana después, unos agentes registraron mi celda y ‘encontraron’ un marcapáginas que no me pertenecía. Como castigo, me recluyeron en régimen de aislamiento.”
Incluso la “reclusión no punitiva en régimen de aislamiento” parece utilizarse, en la práctica, como medida de castigo.
“Cuando entré en prisión, los funcionarios me metieron en una habitación y me presionaron para que firmara unos documentos en los que accedía ‘voluntariamente’ a la reclusión en régimen de aislamiento”, contó Wan. “Básicamente no hay manera de negarse: te encierran en una habitación y te dejan allí hasta que accedes a firmar.”
Fernando Cheung, exlegislador recluido en el Centro de Recepción de Lai Chi Kok en 2022 y que ahora es miembro de la junta directiva de Amnistía Internacional Hong Kong en el Exterior, contó que a él también lo obligaron los funcionarios a firmar documentos similares en los que pedía “voluntariamente” la reclusión en régimen de aislamiento.
Las personas entrevistadas describieron el importante sufrimiento mental causado por el régimen de aislamiento.
“Permanecía encerrado en una celda diminuta, totalmente solo, durante más de 22 horas al día”, dijo Wan. “Comía y usaba el retrete dentro de la celda. Aunque tenía una hora de ejercicio al día, consistía simplemente en caminar a solas dentro de un recinto vallado en el que apenas podías ver el sol.”
Las modificaciones introducidas en 2025 a las normas penitenciarias incluían permitir el uso de la reclusión en régimen de aislamiento en virtud de la norma 68B basándose en la “protección de la seguridad nacional”.
Según los relatos de las personas entrevistadas, la reclusión en régimen de aislamiento tenía más probabilidades de utilizarse contra personas detenidas por delitos “políticos”.
“Las cucarachas me corrían por el cuerpo”
Las personas entrevistadas denunciaron también las insalubres condiciones en la prisión. Tommy*, recluido en Lai Chi Kok en 2021, contó: “Las cucarachas me corrían por el cuerpo; no podía dormir”.
Cheung, encarcelado en el mismo centro ese mismo años, describió el lugar como “extremadamente sucio, más allá de lo imaginable”.
“En la celda, el polvo se había acumulado en columnas que colgaban del techo. En el hospital penitenciario no se podía tirar de la cadena de los retretes, y el hedor era insoportable.”
Amnistía Internacional pide a las autoridades de Hong Kong que tomen medidas inmediatas y concretas para abordar los abusos que ha documentado, entre otras cosas llevando a cabo las investigaciones y reformas necesarias para impedir nuevas violaciones de los derechos humanos de la población reclusa.
El gobierno debe asimismo implementar las recomendaciones formuladas en 2016 por el Comité de la ONU contra la Tortura entre ellas:
- establecer un órgano independiente con el cometido de llevar a cabo visitas efectivas sin previo aviso a todos los centros de detención;
- reducir la duración máxima de la reclusión en régimen de aislamiento y limitar su uso como medida de último recurso, durante el tiempo más breve posible. Deben establecerse criterios claros y específicos para decidir sobre la reclusión en régimen de aislamiento, que indiquen la conducta, el tipo y la duración máxima;
- recopilar y publicar periódicamente datos exhaustivos desglosados sobre el uso de la reclusión en régimen de aislamiento, incluidos los intentos de suicidio y autolesión relacionados con esta práctica.
“El uso de la reclusión en régimen de aislamiento como herramienta de represalia y coacción es un abuso de poder que puede llegar a convertirse en tortura psicológica. El gobierno de Hong Kong debe conformar urgentemente sus prácticas a las normas internacionales, garantizando estrictamente que la reclusión en régimen de aislamiento sólo se impone en circunstancias excepcionales e individualizadas y como último recurso, y es objeto de una revisión periódica, sustancial e independiente”, ha manifestado Sarah Brooks.
Información complementaria
El Departamento de Servicios Penitenciarios de Hong Kong mantiene actualmente 29 centros en la ciudad. Entre las personas recluidas en ellos hay algunas que están en espera de juicio o sentencia, otras que han sido declaradas culpables y cumplen pena y otras detenidas por motivos de inmigración. Para simplificar, Amnistía Internacional ha utilizado el término “prisión” para referirse a cualquiera de estos 29 centros.
Además de las entrevistas con personas que han estado recluidas, Amnistía Internacional también llevó a cabo una amplia investigación documental y habló con profesionales del derecho y con investigadores e investigadoras con experiencia en servicios penitenciarios.
En respuesta a las conclusiones de Amnistía, el Departamento de Servicios Penitenciarios dijo que “niega categóricamente las acusaciones”. Según dijo, su política es de tolerancia cero a la violencia física, la reclusión en régimen de aislamiento sólo se impone “de estricta conformidad con la ley”, se aplica el “más elevado nivel de limpieza” y se han tomado “amplias medidas” para abordar los efectos del calor.


