¿Cómo está afectando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la acción climática global?

En 2024, por primera vez, la temperatura media mundial superó en 1,5 °C los niveles preindustriales, lo que aumentó la urgencia de una acción por el clima global, rápida y coordinada.

En lugar de apoyar una eliminación gradual rápida y justa de los combustibles fósiles, el presidente estadounidense, Donald Trump, está agrediendo de forma implacable las iniciativas globales para combatir el cambio climático, y lo está haciendo de cinco maneras clave:

  1. Retirando a Estados Unidos de los organismos climáticos globales
  2. Promoviendo una campaña de desinformación contra la ciencia climática afianzada
  3. Utilizando medidas de acoso y coacción para que se adopten políticas favorables a los combustibles fósiles
  4. Debilitando las salvaguardias climáticas y retirando la financiación a la ciencia del clima
  5. Restringiendo el espacio cívico, con el consiguiente daño al activismo climático

¿De qué organismos climáticos se ha retirado Estados Unidos y cuál es su impacto?

La retirada de Estados Unidos del histórico Acuerdo de París entró en vigor el 27 de enero de 2026. Es la segunda vez que Estados Unidos se retira de este acuerdo, y la decisión ha venido precedida de la intención declarada del país de retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y el Fondo Verde para el Clima . Además, Trump ha pedido que Estados Unidos se retire de más de 60 organizaciones internacionales, varias de ellas relacionadas con el cambio climático, la biodiversidad y las energías renovables, tachándolas de “derrochadoras, ineficaces o nocivas”.

Estos anuncios probablemente acelerarán la retirada de fondos por parte de Estados Unidos para instituciones y programas climáticos tanto multilaterales como bilaterales. Se espera que la retirada de la financiación estadounidense para estas agencias de la ONU y su labor fundamental se produzca de forma inminente. La ONU ya se enfrentaba a una crisis económica, agravada el año pasado por la negativa de Estados Unidos a pagar su contribución al presupuesto ordinario. Trump también se ha negado a gastar fondos asignados por el Congreso para la ayuda exterior, incluidas agencias de la ONU, ha desmantelado la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otras agencias estadounidenses que prestan apoyo directo a comunidades perjudicadas por el cambio climático, y ha atacado a los programas que abordan dicho cambio climático.

¿Qué es el Acuerdo de París y por qué es importante?

El 12 de diciembre de 2015, durante la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático celebrada en París (COP21), los Estados adoptaron el marco más ambicioso del mundo para luchar contra el cambio climático. En el Acuerdo de París, los gobiernos acordaban por primera vez intentar limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, con el fin de evitar los efectos más catastróficos del cambio climático. El acuerdo obliga a todos los Estados a establecer objetivos actualizados periódicamente sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto a corto como a largo plazo, y a hacer públicos sus planes para cumplir dichos objetivos.


¿Cómo afectará esta decisión al Fondo de Respuesta a las Pérdidas y los Daños?

Estados Unidos también se haretirado de la junta del Fondo de Respuesta de la ONU a las Pérdidas y los Daños. Este fondo, establecido tras difíciles negociaciones en la COP27 en 2022, se dedica a ayudar a las naciones de bajos ingresos vulnerables al cambio climático a recuperarse de los desastres “no naturales” inducidos por dicho cambio. A 19 de noviembre de 2025, se habían comprometido para el fondo un total de 817,01 millones de dólares estadounidenses, 17,5 de ellos aportados por Estados Unidos. Sin embargo, no está claro si el país ahora cumplirá ese escaso compromiso.

Se espera que la reunión la junta del Fondo de julio de 2026 se centre en finalizar el proceso para hacer el Fondo operativo. Corresponde a todos los países que puedan, especialmente los mayores responsables del cambio climático, dar un paso adelante y garantizar que el Fondo cuenta con financiación adecuada. Cuantos menos países contribuyan, especialmente los que históricamente tienen un alto nivel de emisiones, como Estados Unidos, más costará a largo plazo a los países en primera línea de los efectos perniciosos del clima abordar las pérdidas y los daños relacionados con el cambio climático.

¿Cuál es la postura de Trump sobre el cambio climático y de qué manera fomenta la desinformación sobre la ciencia del clima?

Trump calificó el cambio climático de “estafa” cuando tomó la palabra en la Asamblea General de la ONU en 2025. Además, en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos en 2026 dijo que las políticas de energía sostenible son “el mayor engaño de la historia”.

Un nuevo informe del Departamento de Energía estadounidense afirma que las proyecciones sobre el calentamiento global futuro son exageradas. Todo esto forma parte de la campaña de desinformación del gobierno de Trump para presentar un falso contrarrelato a la ciencia del clima y el consenso sobre el tema, y para usar esta ciencia basura como justificación para anular la normativa climática. Estados Unidos también canceló un informe histórico sobre el cambio climático, la sexta Evaluación Climática Nacional, y ha retirado de sitios oficiales numerosas páginas web sobre ciencia del clima. La defenestración de todo esto y de otros programas e instituciones sobre el clima significa que la población dispone de menos información fiable y que a la comunidad científica de todo el mundo le resulta más difícil verificar la información engañosa sobre el cambio climático.

¿Qué tácticas de acoso ha utilizado Estados Unidos para socavar la cooperación global sobre el clima y el medioambiente?

Cada año se producen más de 430 millones de toneladas de plástico, la mayoría fabricado con combustibles fósiles, que se convierte rápidamente en deshechos que saturan vertederos o terminan en los océanos. Sin embargo, el año pasado, las negociaciones para un histórico Tratado Global contra la Contaminación por Plásticos no alcanzaron un consenso porque Estados Unidos, junto con otros Estados productores de combustibles fósiles, dejó claro que se oponía a los recortes a la producción de plásticos.

Asimismo, el gobierno de Trump ha conseguido que se archive un gravamen global casi finalizado sobre las emisiones de carbono del transporte marítimo, y lo ha conseguido amenazando a los miembros de los cuerpos diplomáticos que participaban en las negociaciones y utilizando también la amenaza de elevar los aranceles de importación para presionar a países.

En otros lugares, las presiones de Estados Unidos han socavado enormemente la Directiva europea sobre la diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad, que exige a las empresas que aborden los impactos negativos que sus cadenas de suministro tienen en los derechos humanos y el medioambiente. Asimismo, Estados Unidos ha tratado activamente de establecer alianzas con partidos políticos de Europa que son contrarios a la acción climática.

La compra del denominado gas “natural” producido por Estados Unidos se ha utilizado como moneda de cambio en las negociaciones sobre aranceles, y los bancos estadounidenses se han retirado de las alianzas sobre la acción climática.

¿Qué impacto han tenido en Estados Unidos las políticas de Trump contra la acción climática?

El gobierno de Trump ha desmantelado las iniciativas nacionales de acción climática y se ha embarcado en un retroceso sin precedentes de la normativa que protege a la población estadounidense de la contaminación provocada por los combustibles fósiles y las consecuencias del cambio climático.

Trump ha desmantelado las agencias gubernamentales que proporcionan ayuda de emergencia a quienes sufren daños por fenómenos meteorológicos extremos, que a causa del cambio climático son más probables y más intensos; ha retirado la financiación a los programas climáticos y de diversidad en las agencias gubernamentales estadounidenses y en universidades, lo que ha provocado despidos masivos, congelación de subvenciones y ataques; ha incrementado los subsidios financiados con fondos públicos al sector de los combustibles fósiles; y ha amenazado —en algunos casos con éxito— a estados del país que tenían planes para reducir las emisiones de carbono para que pongan fin a esas políticas. El enfoque “perfora, perfora” de Trump ha redoblado la producción de petróleo y gas y ha acelerado la minería de los fondos marinos.

Desde que Trump retomó el cargo, el gobierno estadounidense ha reducido la disponibilidad y recopilación de datos sobre contaminación atmosférica, meteorología y otra multitud de datos medioambientales y climáticos que se utilizan tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Además, el gobierno ha amenazado directamente la libertad académica y el derecho de acceso a la información, incluida la relativa al cambio climático, como parte de un patrón coincidente con el aumento de las prácticas autoritarias. Estados Unidos también ha incrementado sus actividades militares (especialmente en Latinoamérica y Oriente Medio), que generan una fuerte huella de carbono, por no mencionar el indignante daño causado a los derechos humanos. En el caso de Venezuela, el presidente Trump ha citado el sector de los combustibles fósiles como parte de su decisión de emprender acciones ilegítimas para apartar de su cargo a Nicolás Maduro.

¿Qué daño ha causado al activismo climático la reducción impuesta por Trump al espacio de la sociedad civil?

El gobierno estadounidense ha reprimido las protestas y la disidencia con medidas que incluyen limitar, mediante la intimidación, la demonización y la amenaza de modificar leyes, la capacidad de quienes realizan activismo climático de ejercer su derecho a la libertad de expresión, reunión pacífica y asociación.

El Departamento de Energía, según los informes, ha añadido “cambio climático”, “verde” y “descarbonización” a su creciente “lista de palabras que se deben evitar”. Las personas que ejercen activismo climático han sido descritas como “ecoterroristas”, entre otros ataques públicos de las autoridades. Esto ha envalentonado a las empresas del sector de los combustibles fósiles y otros actores contrarios a la acción climática, y ha dado lugar a una creciente amenaza de litigios contra los y las activistas climáticos.

Asimismo, el gobierno de Trump ha demonizado a poblaciones marginadas, utilizando la retórica racial de una manera que erosiona el apoyo de la población a servicios públicos esenciales, incluidos los que son fundamentales para ayudar al pueblo estadounidense a prepararse y resistir los impactos del cambio climático.

¿Qué se debe hacer?

El cambio climático trasciende fronteras y afecta a todas las personas, en todos los lugares. A menudo, las poblaciones menos responsables son las que sufren las peores consecuencias. La cooperación global es fundamental para eliminar gradualmente de forma equitativa los combustibles fósiles, apoyar una transición justa para los trabajadores y trabajadoras afectados, proteger a las comunidades vulnerables y financiar la recuperación por los daños y pérdidas. Un enfoque fragmentado intensificará los efectos perniciosos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, la escasez de alimentos, los incendios forestales, las tormentas e inundaciones extremas y la falta de acceso a agua potable segura.

Las poblaciones y los gobiernos de todo el mundo deben rechazar todas las iniciativas coercitivas emprendidas por el gobierno de Trump. Ceder terreno ahora significa poner en peligro nuestro futuro colectivo. La humanidad debe triunfar.

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