- Un ataque contra el barrio de Ramat Lehi destruyó la sinagoga Tiferet Yisrael
- Nueva investigación no muestra objetivos militares en las inmediaciones del ataque
- “El arma utilizada en el ataque es tremendamente inexacta.” Erika Guevara Rosas
El ataque con misil perpetrado por las autoridades de la República Islámica de Irán contra la ciudad israelí de Bet Shemesh que mató a nueve civiles, incluidos cuatro adolescentes, debe ser investigado como crimen de guerra; así lo afirma Amnistía Internacional en una nueva investigación.
El ataque, sucedido justo antes de las dos de la tarde (hora local) del 1 de marzo en el barrio de Ramat Lehi, destruyó la sinagoga Tiferet Yisrael y causó graves daños en el refugio antiaéreo situado debajo de ella. También causó lesiones a unas 46 personas, según cálculos.
Amnistía Internacional analizó material digital verificado publicado en redes sociales, con fotografías y vídeos recopilados por la organización en el lugar del impacto, y concluyó que se había utilizado un misil balístico iraní en el ataque.
“El arma empleada por Irán en su ataque al barrio de Ramat Lehi, en Israel, es tremendamente inexacta y contiene una ojiva de gran potencia, por lo que su uso era totalmente inapropiado en una zona civil densamente poblada”, ha manifestado Erika Guevara Rosas, directora general de Investigación, Incidencia, Política y Campañas de Amnistía Internacional.
Este ataque destruyó una sinagoga y un refugio antiaéreo, dos lugares que debían ser seguros y servir de refugio a la población civil.
Erika Guevara Rosas, directora general de Investigación, Incidencia, Política y Campañas de Amnistía Internacional
En su investigación, Amnistía Internacional no encontró pruebas de la presencia de objetivos militares legítimos en las inmediaciones del lugar del ataque. El objetivo militar más próximo es, al parecer, una base militar israelí cerca de la localidad de Sdot Micha, situada unos 3,5 kilómetros al oeste del lugar del impacto.
“Este ataque destruyó una sinagoga y un refugio antiaéreo, dos lugares que debían ser seguros y servir de refugio a la población civil. Nueve civiles perdieron la vida en el ataque, incluidos cuatro menores de edad. El ataque debe investigarse como crimen de guerra”, ha dicho Erika Guevara Rosas.
“El uso de un misil balístico en este ataque lo convierte en indiscriminado y, por tanto, en una violación del derecho internacional humanitario. Lanzar un ataque indiscriminado que cause la muerte o lesiones a civiles, o daños en bienes civiles, constituye un crimen de guerra. Debe llevarse a cabo una investigación independiente e imparcial, y toda persona contra la que existan indicios suficientes de responsabilidad debe ser procesada y juzgada con las debidas garantías.”
Amnistía Internacional verificó imágenes publicadas en redes sociales que mostraban la munición cayendo en la ciudad de Bet Shemesh. La trayectoria de la munición y el alcance de los daños en el lugar del impacto son compatibles con el uso de un misil balístico con una ojiva de gran potencia, no un misil de crucero o una munición más pequeña lanzada desde un dron. Imágenes captadas de los momentos posteriores muestran la sinagoga completamente arrasada y daños generalizados en un radio de unos 500 metros.

Medios de comunicación israelíes informaron de que la ojiva pesaba unos 500 kilos. Amnistía Internacional no ha podido confirmar la carga útil del arma. Según un análisis de la precisión de los misiles balísticos iraníes realizado en 2024, éstos habitualmente se desviaban al menos medio kilómetro de su objetivo.
Del 16 al 19 de marzo, Amnistía Internacional entrevistó a cuatro sobrevivientes del ataque y a una persona de los servicios de salvamento que había llegado poco después del ataque. La organización analizó también imágenes de satélite del lugar antes y después del ataque para confirmar la magnitud de la destrucción.
“Estamos todos desesperados. Estamos rotos.”
Nueve civiles perdieron la vida en el ataque: los hermanos Sara Biton (13 años), Avigail Biton (15) y Yaakov Biton (17); Gabriel Revah (16); Oren Katz (46); Sara Elimelech (67) y su hija, Ronit Elimelech (45), y Bruria Cohen (76) y su hijo, Yossi Cohen (41).
Rabbi Yitzak Biton perdió a tres de sus hijos. La mañana del ataque dio una clase a estudiantes de la Torá. Sus dos hijas, Sara y Avigail, convencieron a su hijo, Yaakov, de que fuera con ellas al refugio antiaéreo mientras que él, su esposa, Tamar, y su hija de cuatro años, Rachel, se quedaron en su casa, situada a una manzana de la sinagoga.

Contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “El tejado y el techo [de su casa] se derrumbaron […] miré por la ventana y vi que la zona donde estaba la sinagoga Ardía en llamas, y el cielo lleno de un humo negro. Tuve miedo de ir […] Cuando reuní el valor para hacerlo, vi que la sinagoga estaba completamente destruida y el refugio [antiaéreo] totalmente reventado. El refugio no era un lugar seguro. No ofrecía protección.

Perdí, no uno ni dos, sino tres hijos […] Un día, de repente, la mitad de mi familia ha desaparecido.”
Sarah Fanny Amar, de 53 años, estaba en el refugio antiaéreo cuando la sinagoga sufrió el ataque. Contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “Se oyó una explosión enorme […] Quedé colgando de una estructura metálica, y con metal encima. Antes de la explosión estaba sentada; la onda expansiva me había lanzado por los aires. A mi alrededor todo estaba oscuro y lleno de polvo […] Me cayó el techo encima […] Empecé a caminar pero casi no veía nada, iba tanteando con las manos para avanzar. Pisaba sobre escombros y cuerpos […] Afuera había fuego […] Coches en llamas […] Conseguí llegar a la hierba y me desplomé. Abrí los ojos en una ambulancia.

Estas bombas te dejan sin ganas de vivir, de dormir, de comer […] No puedo vivir así […] Ni siquiera en el refugio estás a salvo […] Conocía a todos los que murieron.”
Nissim Edery, de 71 años, estaba sentado con su vecino a unos cien metros del lugar del ataque. Contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “En el momento de la explosión salí despedido unos cuatro o cinco metros debido a la onda expansiva […] Comprendí que había caído un misil en nuestra zona […] Me dirigí hacia el lugar de la explosión, había un gran incendio y mucho humo […] Era impactante ver todo el destrozo que había hecho el misil.
“Conocía a tres de las víctimas, un chico y sus dos hermanas. Me partió el corazón […] Estamos todos desesperados. Estamos rotos.”
Reuven Harow, de 56 años, es médico jefe del servicio médico de urgencias Magen David Adom. Llegó al lugar unos 10 minutos después del ataque. Contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “Empezó a salir gente totalmente ensangrentada y magullada […] Nadie sabía dónde había impactado el misil […] había daños por todas partes […]

Los cadáveres estaban desmembrados […] Hubo partes de cuerpos esparcidas por la zona durante horas. Lo principal era salvar a todo el que hubiera sobrevivido […] Las personas que estaban prestando asistencia médica en el lugar estaban atendiendo a familiares y a amistades de toda la vida. Aquí todo el mundo se conoce […] Yo no dejaba de repetir: ‘Esto no es real’ […] Era como estar viendo una película.”
Información complementaria
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques conjuntos contra Irán; desde entonces, ha habido miles de ellos en todo el país. Las autoridades iraníes han lanzado ataques de represalia en toda la región. El conflicto armado se ha extendido rápidamente y ha dado lugar a hostilidades regionales en todo Oriente Medio. Además, ha provocado una pérdida significativa de vidas civiles y la destrucción de infraestructuras civiles. Israel también ha intensificado sus ataques contra Líbano en respuesta a los ataques de Hezbolá.
Según varios medios de comunicación, las fuerzas iraníes han utilizado municiones de racimo en múltiples ataques cometidos en Israel desde el 28 de febrero, como el ataque perpetrado el 18 de marzo cerca de Tel Aviv, que causó la muerte de dos civiles. Las municiones de racimo son, por naturaleza, armas de efectos indiscriminados y su uso está prohibido por el derecho internacional humanitario. En 2025, Amnistía Internacional documentó cómo el uso de municiones de racimo por las fuerzas iraníes durante la “Guerra de los 12 días” con Israel violaba el derecho internacional humanitario.
A fecha de 27 de marzo, según informes, al menos 1.900 personas, entre ellas 100 escolares de Minab, habían perdido la vida en Irán y más de 1.116 en Líbano como consecuencia de los ataques de Israel y Estados Unidos. Los ataques de Irán hasta el momento han causado la muerte de al menos 16 civiles en Israel y cuatro más en la Cisjordania ocupada, y de al menos 23 en el conjunto de los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo en la región.


