Tres defensoras del derecho al aborto comparten sus historias de esperanza

En todo el mundo, gobiernos y otros actores están haciendo retroceder avances en materia de igualdad de género, incluido el acceso al aborto, que costó decenios realizar. Pero la gente está luchando para impedirlo, firmemente decidida a proteger los derechos que tantas personas pelearon por conquistar.

Con ocasión del 70º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, tres valerosas defensoras de los derechos humanos de Burkina Faso, Polonia y Estados Unidos comparten sus estrategias para proteger el acceso al aborto, sus anhelos para el futuro y sus motivos para creer que, pese a los crecientes desafíos, la humanidad debe prevalecer.

Cécile Yougbare, activista de Burkina Faso: “Me niego a dejar morir a mujeres jóvenes por abortos clandestinos cuando existen soluciones”.

Cécile Yougbare, una mujer negra con el pelo trenzado y camisa blanca, esboza una sonrisa mirando hacia un lado. Es activista en Costa de Marfil

Soy defensora de los derechos humanos. Mi especialidad son las dificultades relacionadas con la salud de las mujeres, porque hay distintos factores, como los abortos inseguros, que siguen provocando muertes evitables de niñas y mujeres.

Llevo 20 años luchando por los derechos de las mujeres y el derecho a la salud sexual y reproductiva, incluido el acceso al aborto sin riesgos, a través de mi trabajo para la organización Médicos del Mundo y otros compromisos profesionales y comunitarios.

Quienes defendemos el derecho al aborto nos enfrentamos a numerosas dificultades, incluidas la violencia física y psicológica.El aborto sigue siendo un tema tabú que lleva aparejado un fuerte estigma.Incluso en países donde la ley lo permite, como Benín, el estigma social y religioso persiste.

Nací en el seno de una familia católica muy religiosa que nos enseñaba a ir a la iglesia y rezar. Por eso muchos de mis familiares, sacerdotes y monjas, esperan que encarnemos la virtud de la gente que no apoya el aborto. Cuando te rebelas contra estos “valores y creencias familiares”, puedes sufrir ataques personales y violencia psicológica. No obstante, mi fe no me impide trabajar por la justicia social y salvar vidas reduciendo las muertes evitables por abortos peligrosos.

Desafíos  

Los marcos jurídicos son restrictivos y, en ocasiones, contradictorios, lo que a menudo provoca retrasos o una ausencia total de atención.   

Los recortes de financiación también representan un desafío importante.Actualmente, la mayoría de los fondos para organizaciones humanitarias excluyen explícitamente el aborto o imponen restricciones, mientras que los movimientos contrarios a los derechos reciben cada vez más apoyo. El temor a perder financiación y el clima general de inseguridad están obligando a muchas personas activistas a autocensurarse.  

El trabajo de incidencia es una de nuestras principales estrategias, complementada por la recopilación de pruebas. Documentamos las muertes maternas para mostrar a las autoridades que se producen por causas prevenibles.  

A nivel comunitario, trabajamos para simplificar el lenguaje jurídico y transformar un tema tabú en una cuestión de salud pública y dignidad humana.

Inspiración  

Mi compromiso se nutre de los relatos de mujeres que han sobrevivido a abortos clandestinos y de la mirada de mujeres jóvenes que se dan cuenta de que por fin tienen el derecho a decidir por sí mismas.

Mi motivación es simple: me niego a dejar morir a mujeres jóvenes por abortos clandestinos cuando existen soluciones. Me siento orgullosa de mi activismo, porque defender los derechos sexuales y reproductivos significa defender la dignidad humana, la libertad de elección y la igualdad.   

Kinga Jelińska, activista de Polonia: “Estamos creando una forma distinta de abordar la atención de la salud que está basada en la confianza y la dignidad”.  

Kinga Jelińska, activista polaca, mira a cámara sosteniendo un blíster de medicamentos. Tiene el pelo rubio, viste chaqueta negra y lleva un pañuelo verde anudado al cuello.
© Amnesty International

Vivo en Ámsterdam (Países Bajos), aunque soy de origen polaco.  

En Polonia, el aborto era un tema del que no se hablaba. En Países Bajos, está disponible hasta las 22 semanas de gestación.Esto me hizo darme cuenta de que las cosas podían hacerse de otra manera y me motivó a trabajar por que el aborto sea accesible para todas las personas. Siempre he sido activista de derechos humanos, y los derechos de las mujeres ocupan un lugar muy especial en mi corazón.

Un paradigma erróneo

Hay algo fascinante en trabajar sobre el aborto, porque intentar regularlo no tiene sentido.Es un paradigma basado en la exclusión.

La limitación del acceso al aborto tiene que ver con la política, el estigma, el patriarcado y la misoginia.Cuando se niega el acceso al aborto sin riesgos, la gente recurre a métodos peligrosos que, en muchos casos, resultan letales.

Recuperar el poder

Trabajo en la organización activista feminista internacional Women Help Women (Mujeres que Ayudan a Mujeres).

Nos centramos en el aborto autogestionado porque no sólo es un factor de cambio práctico determinante, sino también un proyecto político de autonomía para luchar contra el patriarcado y la medicalización.

Gestionamos un servicio mundial de apoyo en línea y enviamos medicamentos (mifepristona y misoprostol) a quienes nos los solicitan desde todo el mundo.En mi país, Polonia, somos el mayor proveedor de servicios de aborto. En 2024, el gobierno informó de que se realizaron 128 abortos. En contraste, nosotras recibimos mensajes de 130 personas al día. Estamos creando una forma distinta de abordar la atención de la salud que está basada en la confianza y la dignidad.

La política del cuidado

Somos defensoras de los derechos humanos. Si alguien te dice: “Necesito ayuda”, sería absolutamente inhumano decirle: “No voy a ayudarte”.

En Polonia, mi colega Justyna Wydrzyńska, fue sometida a un proceso penal por ayudar en un aborto que ni siquiera llegó a producirse. Esto pone de manifiesto la crisis del sistema, porque penaliza la empatía. En Polonia se hostiga de manera constante a quienes defienden el derecho al aborto, y no hay voluntad política de protegernos.Se trata de hostigarnos hasta quemarnos.

Organizaciones como Amnistía Internacional actúan al mismo tiempo como guardianes y amplificadores: denuncian públicamente violaciones de derechos humanos y se aseguran de que el mundo no pueda hacer oídos sordos. El acceso al aborto seguro, incluido el aborto autogestionado, no constituye una zona gris ni es un asunto de debate político; es claramente una cuestión de derechos humanos basada en la autonomía corporal, la salud y la dignidad. Amnistía ayuda a garantizar que su realidad se nombra, se documenta y defiende a nivel global.

Lo que me motiva es el convencimiento de que podemos imaginar y hacer las cosas mejor.Mi receta para un activismo sostenible es combinar una imaginación optimista con un poquito de enfado.

Tenemos las herramientas y los conocimientos necesarios para proporcionar una buena atención. Si avanzamos juntas hacia la práctica feminista del aborto autogestionado, podemos marcar la diferencia. Estoy muy orgullosa de ser defensora de los derechos humanos y proveedora de servicios de aborto. Es una cuestión de autonomía, atención, apoyo y solidaridad.

Erin Grant,codirectora ejecutiva de Abortion Care Network: “Nuestra estrategia principal es crear comunidad”.

Erin Grant, una mujer negra con el pelo trenzado, mira a cámara sonriente, sentada y con las manos en el regazo. Es codirectora ejecutiva de la organización Abortion Care Network.

Soy codirectora ejecutiva, junto con Nikki Madsen, de Abortion Care Network, una red de provisión de servicios de aborto. Somos la única organización de membresía para proveedores independientes de servicios de aborto en Estados Unidos. ACN es una organización, y los proveedores y proveedoras independientes de servicios de aborto son defensores y defensoras de los derechos humanos, ya que prestan la mayor parte de los servicios de aborto disponibles públicamente en el país, junto con sus aliados.

Una situación devastadora

Desde la anulación de Roe vs Wade (la sentencia que garantizaba el derecho al aborto en Estados Unidos), la situación es devastadora: han cerrado 100 clínicas de aborto y solo el 14% de los condados del país cuentan con un proveedor de servicios de aborto.

La sentencia creó una situación en la que el aborto está prácticamente prohibido para un gran número de personas, especialmente para quienes ya están marginadas: personas racializadas, personas con bajos ingresos, personas con discapacidad y residentes en zonas rurales. El sistema en Estados Unidos siempre ha estado diseñado para servir a la élite blanca adinerada, y al resto nos han dejado atrás.

Las prohibiciones y el hostigamiento constante están funcionando tal como se pretendía: hacer que el acceso al aborto sea más difícil, más arriesgado, más caro y más desigual, y ahora, en algunos casos, que esté incluso penalizado.

Actualmente la gente se ve obligada a viajar distancias extremas, a menudo miles de kilómetros, lo que requiere tiempo, dinero y recursos.

También existe una creciente preocupación por la vigilancia digital y los riesgos jurídicos asociados a viajar a otro estado para recibir atención. Esto añade una capa adicional de miedo e inseguridad.

Las clínicas independientes son quienes están en “primera línea”, y son objeto de constantes ataques, protestas y hostigamiento.

El aborto no es una cuestión de legalidad o ilegalidad; el aborto existe, con o sin clínicas.

Crear comunidad

En ACN, nuestra principal estrategia es contrarrestar el aislamiento impuesto por los actores contrarios a los derechos mediante la creación de comunidad. Compartimos recursos, buenas prácticas y ofrecemos apoyo emocional.

Nuestro lema es “Stronger Together” (Juntas somos más fuertes), y ACN considera que los proveedores de servicios de aborto necesitan espacios diseñados para mantenerse en conexión, normalizar la atención que prestan y ampliar las oportunidades para las clínicas, el personal y las personas a las que atienden.

Una cuestión vital

El movimiento antiabortista utiliza un conjunto muy sólido de tácticas para despojar de derechos a las personas a las que consideran “ajenas”. En Estados Unidos existe un fuerte movimiento supremacista blanco que promueve la idea de que, si no eres rubia, de ojos azules, delgada, sin discapacidad y si no te reproduces, no mereces recibir una atención comunitaria digna. Yo no creo en eso.

Todas las personas merecen la oportunidad de tomar sus propias decisiones y confiar en su propio cuerpo. El acceso a la salud reproductiva y el derecho a la autonomía corporal, como el aborto, deberían ser una cuestión fundamental, igual que el acceso al agua, a los alimentos o a una vivienda digna.

Amnistía Internacional es una importante aliada en relacionar la provisión de servicios de aborto con el trabajo de derechos humanos. Abortion Care Network cuenta con miembros aliados que no prestan servicios de aborto, y son esenciales en el panorama de la salud reproductiva, los derechos y la justicia, entre ellos profesionales de la abogacía, artistas, personal investigador y activistas. También garantizan que quienes proveen servicios de aborto independientes se sientan vistos y apoyados. Los aliados son esenciales. Amnistía Internacional desempeña un papel fundamental al declarar que los servicios de aborto y la autonomía reproductiva son un pilar de los derechos humanos y conectar el relato global del derecho a la salud. El alcance inconmensurable de Amnistía Internacional garantiza que todo el mundo sepa que quienes prestan servicios de aborto son personas valientes y resilientes que llevan a cabo un trabajo generacional vital.

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