Zahra Joya: Las mujeres afganas no deben ser silenciadas

Zahra Joya es una galardonada periodista afgana, fundadora de Rukhshana Media, un canal digital de noticias que informa sobre la realidad de la vida cotidiana de las mujeres en Afganistán.

Desde la toma del poder por los talibanes en 2021, Afganistán se ha sumido en una espiral de violaciones de derechos humanos. Las mujeres tienen prohibido participar en casi todos los aspectos de la vida pública. Los abusos continúan con total impunidad, y las víctimas no pueden recurrir a la justicia.

A continuación, Zahra nos cuenta cómo fue crecer siendo una niña en Afganistán, asumir la magnitud de la opresión y la violencia contra las mujeres en el país y dedicar su vida a hacer que se escuchen sus voces.

Crecer en Afganistán siendo una niña fue muy duro: no teníamos derecho a la educación ni libertad de circulación. Me crie en un pueblo de una zona remota de la provincia de Bamiyán. Cuando era pequeña, los talibanes gobernaban en el país. Prohibieron que las mujeres y las niñas accedieran a la educación,

pero yo tuve la suerte de tener una familia que me respaldaba. Mi padre me apoyaba y me ayudó a que pudiera estudiar. Yo me vestía como un niño y caminaba dos horas todos los días para llegar a la escuela. En aquella época, si alguien me llamaba “niña” yo reaccionaba diciéndole enérgicamente: “No soy una niña, soy un niño”. Lo único que deseaba era ser libre, respirar aire fresco y recibir una educación.

Tras el derrocamiento del régimen talibán en 2001, la vida cambió mucho para las mujeres y las niñas en Afganistán. Empezamos a poder vivir libremente en sociedad como mujeres. Me permitieron ir a la escuela sin problema alguno. Terminé mis estudios primarios en Bamiyán, me gradué de secundaria y me trasladé a Kabul, donde comencé a estudiar Bachillerato.

Cuando oí las historias de otras mujeres, supe que tenía que hacer algo.

En Kabul conocí a muchas muchachas de todo Afganistán. Cada cual tenía una historia diferente, pero compartíamos vivencias de violencia de género en el ámbito familiar, hostigamiento y violencia de género. Entonces fue cuando me di cuenta de que las mujeres afganas tenían un problema más grave y que teníamos que hacer algo. A la vez que estudiaba, empecé a trabajar como periodista voluntaria en una agencia local de noticias de Kabul.

Todas las mañanas veía cómo cientos de muchachas elegantemente vestidas se dirigían a su escuela o a su trabajo, con sus bolígrafos, libretas y libros de texto.

En aquel momento, la juventud de Afganistán era puro entusiasmo. Quería reconstruir el país y traer el cambio a la sociedad. A mí me llenaba de energía ver su esperanza y su determinación, su deseo y su entusiasmo, especialmente entre las muchachas. Desgraciadamente, en la actualidad todo esto se ha esfumado ante nuestros ojos.

Fundé Rukhshana Media como medio de comunicación con un grupo de mujeres periodistas en Kabul antes de que los talibanes tomaran el poder.

Rukhshana era el nombre de una muchacha de 19 años que huyó de un matrimonio forzado en 2015 en el centro de Afganistán. Desgraciadamente, los talibanes la detuvieron y murió de la forma más brutal. Pusimos a nuestra organización el nombre de Rukhshana en su memoria, para darlo a conocer entre quienes leen nuestras noticias.

Al ser periodista, no era seguro para mí quedarme en Afganistán

La entrada de los talibanes en la capital, en agosto de 2021, fue un día horrible para las mujeres. Básicamente, todas las mujeres se vieron obligadas a huir a sus casas. Lo dejaron todo: sus oficinas, su personal. Yo también lo hice.

Al principio, decidí permanecer en el país, al igual que otras personas dedicadas al periodismo. Pensábamos que no nos pasaría nada porque éramos gente normal realizando un trabajo normal.

Pero pronto los talibanes empezaron a castigar a periodistas. Yo había fundado un medio de comunicación, así que me di cuenta de que no podía quedarme en el país de ninguna manera. Dos semanas después de que los talibanes tomaran el poder, me fui de Kabul. Desde agosto de 2021 vivo en Londres.

Ha llegado el momento de que las mujeres de Afganistán hagan oír su voz.

Rukhshana Media está registrada como organización benéfica en Reino Unido, pero seguimos operando también desde Afganistán, con colegas en el país. En este momento puedo decir con orgullo que nuestro equipo de periodistas en Afganistán está compuesto mayoritariamente por mujeres. Publicamos historias de mujeres afganas. Hay innumerables historias que no han sido contadas, y queremos informar de tantas como podamos.

No es una tarea sencilla: mis colegas trabajan en la clandestinidad. Trabajar como periodista, especialmente si eres mujer, es básicamente un delito en muchas partes de Afganistán. Se arriesgan mucho para contar la verdad. Son valientes, decididas y están resistiendo en un momento en que los talibanes quieren eliminar a las mujeres de la sociedad afgana.

Su valor me hace albergar la esperanza de que lograremos que haya cambios. Creo que tenemos la responsabilidad de romper el silencio y el círculo de la violencia. Ha llegado el momento de que las mujeres de Afganistán hagan oír su voz.

Haz ruido en favor de las mujeres afganas

Queremos hacer ruido en favor de quienes sienten que son una comunidad olvidada. La mayoría de las mujeres en Afganistán no tienen acceso a Internet ni a la tecnología. Las mujeres con las que entramos en contacto están muy interesadas en compartir sus experiencias cotidianas bajo el régimen talibán y deseosas de leer y compartir las historias que publicamos. No quieren ser silenciadas.

Por ejemplo, después de que los talibanes tomaran el poder, empezaron a castigar a las mujeres. En vista de eso, un pequeño grupo de valerosas mujeres del oeste de Kabul comenzaron a protestar y a escribir mensajes de resistencia en las paredes, grabaron su valiente iniciativa y nos enviaron los vídeos.

Estas son las historias que publicamos. Historias de violencia en el ámbito familiar, de desigualdad de género en el hogar y del trato cruel que los talibanes dispensan a las mujeres en la sociedad afgana. Los hombres también escriben sobre los distintos tipos de violencia que sufren.

Los talibanes deben rendir cuentas y debe reconocerse el apartheid de género

El día en que la Fiscalía de la CPI anunció las órdenes de detención contra los talibanes fue el mejor para las mujeres de Afganistán. Hablé con algunas mujeres en el país que lo habían celebrado. Dijeron que, después de más de tres años de castigos, violencia y atrocidades de los talibanes, por fin había buenas noticias.

Espero que la investigación del crimen contra la humanidad de persecución por motivos de género de los talibanes ahora pueda avanzar más rápido, porque se nos acaba el tiempo. Ya hemos perdido tiempo para que muchas niñas reciban una educación.

Las mujeres de Afganistán están pagando un precio muy alto. La situación no es sostenible.

Tipificar como delito el “apartheid de género” en el derecho internacional ayudará a proteger los derechos humanos de las mujeres en Afganistán. La Campaña para Poner Fin al Apartheid de Género pide a la comunidad internacional que reconozca el apartheid de género. Con este reconocimiento podemos proteger las vidas de las mujeres y el futuro de Afganistán.

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