Fatema Uzgun Nusrat dirige una escuela online llamada Academia Behdukht para niñas de Afganistán. Hoy Afganistán sigue siendo el único país del mundo que prohíbe la enseñanza secundaria a las niñas y las mujeres. En la Academia Behdukht, la seguridad es muy estricta y ni siquiera las propias alumnas saben el nombre de sus compañeras. Pero hay mucha demanda y la academia va viento en popa.
Fatema fue entrevistada hace poco para el pódcast On the Side of Humanity. Aquí nos cuenta lo que le inspiró para crear esta escuela después de vivir años bajo el régimen talibán durante su infancia.
Cuando los talibanes tomaron por primera vez el control de mi provincia en Afganistán, en 1998, yo tenía 12-13 años. Obligaron a cerrar las escuelas para las niñas, lo que fue muy doloroso para mí porque me encantaba ir a la escuela. De pronto tenía que llevar burka y no se me permitía salir a la calle sin un acompañante varón. No había programas educativos, y tampoco Internet.
En un momento determinado, vino a cas un familiar y nos advirtió de que no era seguro tener libros, así que los quemamos, junto con fotografías familiares. Por miedo e incertidumbre, la gente incluso tiraba los cepillos de dientes por los rumores de que los talibanes sólo usaban miswak [rama utilizada tradicionalmente como cepillo dental natural] y desaprobaban los cepillos de dientes. Era un entorno de miedo constante donde hasta las cosas pequeñas parecían peligrosas.
Conseguí salvar algunos libros de la biblioteca de mi abuelo y seguí leyéndolos durante esos años difíciles.
Durante los calurosos veranos de Afganistán, me despertaba temprano para leer mientras el aire era todavía fresco y los demás aún dormían. Pasaba gran parte del día leyendo, incluso cuando ayudaba a mi madre en la cocina. A veces mis manos aceitosas dejaban marcas en las páginas de mis libros.
Leíamos con una lámpara de aceite
Mi libro favorito era una historia de aventuras, un pesado libro de tapas duras con una cubierta verde. Lo leí siete veces. Sigue en mi casa de Afganistán ahora, espero.
Mis padres fomentaban mi amor a la lectura y me motivaban a mí y a mis hermanas y hermanos para que estudiásemos incluso en esas difíciles circunstancias. Como ellos no pudieron terminar sus estudios superiores debido a las responsabilidades familiares, convirtieron la educación en nuestra prioridad y trabajaron duro para proveernos de libros y material de escritura.
No había electricidad en nuestra provincia. Por la noche, nos sentábamos alrededor de una lámpara de aceite y estudiábamos. Mi padre trabajaba lejos de casa, pero mi madre estaba con nosotros todas las noches. Cuando pienso en esos años, nos recuerdo sentados, leyendo y riéndonos juntos en un pequeño círculo de luz en una casa oscura.
Esperanza ganada y esperanza aplastada
Cuando el régimen talibán acabó en 2001, yo era una adolescente. La vida se fue haciendo gradualmente más fácil. Terminé el instituto y, en 2006, empecé a estudiar Derecho en la Universidad de Kabul. Después trabajé con varias ONG y recibí una beca para hacer una maestría en Estambul. Mis hijos eran pequeños, por lo que al principio dudé si irnos y mudarnos al extranjero, pero mi esposo me apoyó mucho. Lo vimos como una valiosa oportunidad para que yo adquiriera nuevos conocimientos y los llevara de vuelta a nuestro país. Creía que Afganistán avanzaba, y había una sensación real de esperanza y energía en la sociedad.
Pero al final, nada de ese futuro fue como habíamos esperado.
Cuando los talibanes tomaron de nuevo el control de Afganistán en 2021, yo no había terminado aún mi maestría. Enseguida fue evidente que no podíamos regresar. Estaba conmocionada. No podía dejar de pensar en Afganistán y los recuerdos de mi infancia me inundaron. Me preguntaba todo el tiempo: “¿Cómo podía estar pasando esto otra vez? ¿Por qué?” No había respuestas.
La fundación de la Academia Behdukht
Aunque era demasiado peligroso volver a Afganistán, pensaba constantemente en las niñas a las que de pronto habían prohibido ir a la escuela. Contacté con algunas familias con hijas y ofrecí compartir con ellas cursos y oportunidades educativas online. En 2023 creamos un grupo de WhatsApp con cinco niñas y empezamos a construir una plataforma para conectarlas con recursos de aprendizaje online. Más tarde lo llamamos Academia Online Behdukht.
La noticia se difundió con rapidez. Se incorporaron otras profesoras voluntarias y llegaron peticiones de alumnas de múltiples provincias del país. Hoy, más de 200 niñas estudian con nosotras. Seguimos el currículo escolar estándar que existía en Afganistán antes de 2021 y también he introducido asignaturas nuevas como conocimientos de informática. Los cursos son principalmente de autoaprendizaje; Behdukht facilita el acceso a oportunidades d aprendizaje y las alumnas asumen un papel protagonista en su propia educación.
Nuestra principal preocupación es garantizar la seguridad de nuestras alumnas. La persecución sigue siendo generalizada en el régimen talibán y nos comprometemos a proteger su identidad. Cada nueva alumna debe ser recomendada por un contacto de confianza y cumplimentar un formulario. Solo confirmamos su inscripción tras un examen minucioso.
Estoy muy orgullosa de mis alumnas
La mayoría de nuestras alumnas viven en aldeas y sus familias tienen recursos económicos muy limitados. Es destacable el apoyo que estas familias dan a sus hijas a pesar de que algo tan sencillo como instalar wifi o comprar una táblet para las clases online puede ser muy difícil. Lo más importante es que dan a sus hijas el tiempo y el espacio necesarios para centrarse en su educación.
Sin embargo, de lo que más orgullosa estoy es de las propias alumnas. Su determinación por aprender es extraordinaria. Encuentran formas creativas de estudiar a pesar de la lentitud de Internet y de la ausencia de libros de texto.
Muchas de nuestras alumnas esperan continuar su educación en la universidad después de graduarse en la Academia Behdukht y el último semestre, cuatro de ellas fueron aceptadas en universidades online.
Aprender en la Academia Behdukht es gratuito. No recibimos salarios ni tenemos financiación formal. En la actualidad estoy buscando subvenciones que puedan ayudar más a nuestras alumnas proporcionándoles recursos esenciales —como dispositivos y acceso a Internet— para que puedan participar plenamente en su educación.
Mis historias siguen esperándome en Afganistán
Debido a la diferencia horaria entre Estados Unidos y Afganistán, a menudo me levanto a las 3 de la mañana. Pero no me importa madrugar porque me recuerda a mi infancia, cuando me sumergía en la lectura en una casa silenciosa. Esas historias siguen allí, en mi ciudad natal, pero no sé cuándo las volveré a ver. A veces me pregunto si seguirán visibles en sus páginas las manchas de aceite para cocinar.
Mi esperanza es ver a las niñas afganas volver a la escuela y crecer para reconstruir nuestro país con dignidad e igualdad. Sé que la Academia Behdukht solo es un pequeño paso, pero creo que los cambios significativos empiezan con pasos pequeños.


