En todo el mundo, millones de personas no tienen casi más opción que abandonar su hogar debido a los conflictos, la violencia, la persecución o las emergencias climáticas. Muchas siguen buscando protección. El Día Mundial de los Refugiados, Victor Nyamori, investigador y asesor sobre Derechos de Personas Refugiadas y Migrantes en Amnistía Internacional, reflexiona sobre lo que ha cambiado en los últimos años, los desafíos que siguen existiendo y la función que puede desempeñar cada persona en la lucha por la justicia.
¿Podrías hablarme de tu función en Amnistía y en qué consiste?
Trabajo con el equipo sobre Derechos de Personas Refugiadas y Migrantes, haciendo investigación y asesorando a colegas de toda Amnistía. Hago todo: desde recabar testimonios y pruebas en el terreno, y analizarlos, hasta presentarlos ante instituciones y organizaciones internacionales con el fin de propiciar cambios políticos.
También ofrezco asesoramiento técnico sobre derechos de personas refugiadas y migrantes, entre otros aspectos, sobre cómo estas pueden acceder a protección, las leyes que protegen a quienes pasan por este proceso y las responsabilidades que tienen los países de protegerlas una vez que se les concede asilo.
¿Cómo llegaste a esta área de trabajo?
Me formé como abogado en Kenia y trabajo en el ámbito de las personas refugiadas desde hace ya 15 años. Tras terminar la universidad, trabajé con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el campo para personas refugiadas de Dadaab, uno de los más grandes del mundo, donde viven más de 400.000 personas. Eso me dio una perspectiva totalmente diferente de cómo es la vida de quienes casi no tienen más elección que abandonar su país en busca de protección. Después trabajé con HIAS, otra organización global que trabaja en cuestiones relacionadas con las personas refugiadas, y luego con Save the Children.
Después de eso, me incorporé a la Oficina Regional para África Oriental de Amnistía en Nairobi, donde sigo ayudando a personas refugiadas y solicitantes de asilo.
¿Hay algún trabajo que hayas hecho y que te haya causado un gran impacto?
Un área que ha tenido un gran impacto en mí es el trabajo que venimos haciendo con personas de la comunidad LGBTI de Uganda que buscan protección en Kenia. Aunque muchas recibieron protección en este país, el gobierno retrasaba muchos de los procesos, lo que solo complicaba la vida de la gente. Así pues, empezamos a documentar las experiencias de personas refugiadas y solicitantes de asilo LGBTI en el campo para personas refugiadas de Kakuma.
Descubrimos que muchas de ellas no podían solicitar documentación y que, sin ella, no podían acceder a servicios básicos como salud, educación y otros. Analizamos sus experiencias en el contexto de las obligaciones que ha contraído Kenia, incluidas la relativa a hacer justicia, pues hallamos que las autoridades no estaban investigando cuando la gente denunciaba abusos.
Así pues, colaborando muy estrechamente con personas refugiadas LGBTI que vivían en el campo para personas refugiadas de Kakuma, elaboramos un informe basado en sus experiencias y acordamos un conjunto de recomendaciones al gobierno. Esta es una cuestión en la que seguimos trabajando y hemos visto algunos avances, aunque sigue habiendo muchas dificultades.
Has investigado sobre desplazamiento relacionado con el clima en Namibia. ¿Puedes hablarnos un poco más sobre eso?
Tradicionalmente, la gente siempre ha creído que las personas refugiadas se marchan de su país exclusivamente debido a un conflicto. Aunque muchos países del este y el sur de África sufren conflictos, los factores medioambientales se han convertido ya en una de las razones principales por las que las personas abandonan su hogar. Si no puedes cultivar alimentos para dar de comer a tus hijos e hijas, lo más probable es que te marches y busques mejores oportunidades en otro lugar.
Esto está ocurriendo mucho en África oriental. En Somalia, por ejemplo, la sequía dura ya varios años y, cuando llueve, hay inundaciones importantes. Fui a Dadaab y hablé con muchas personas que se habían desplazado debido a las inundaciones. Me dijeron que, cuando llegaban las lluvias, las inundaciones arrasaban sus hogares, sus cabras, todo lo que hubieran plantado, por lo que cruzaron la frontera en busca de una vida mejor.
Actualmente trabajo en un proyecto en la región meridional que documenta las experiencias de los angoleños y angoleñas que llevan una década sufriendo sequías recurrentes en partes del sur y que ahora cruzan la frontera hasta Namibia en busca de protección. La mayoría de estas personas no recibe protección y, sin documentación ni un reconocimiento formal, no puede acceder a muchos servicios, como atención para la salud y educación, y corren el riesgo de ser deportadas. Esto sucede porque los países no reconocen la emergencia climática como razón por la que las personas buscan lugares más seguros para vivir y por la que no pueden ser devueltas a su país.
¿Qué deberían hacer los gobiernos para ayudar a las personas refugiadas en su difícil situación?
Lo que sucede en Angola y Namibia es un reflejo de lo que está ocurriendo en todo el mundo. Las personas se desplazan por diferentes factores relacionados con su vida y es importante que los gobiernos dediquen tiempo para comprender estos factores antes de tomar decisiones.
Los Estados deben escuchar a las personas, hacer evaluaciones basadas en sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, teniendo en cuenta las particularidades de las situaciones a las que se enfrenta la gente. Deben ofrecer a las personas la oportunidad de vivir una vida normal y de acceder a servicios básicos como salud y educación.
¿Cómo puede participar la gente en la lucha por la justicia?
El número de personas refugiadas aumenta cada año, pero lo que nunca deberíamos olvidar es que detrás de cada número hay una persona, una vida. Una mujer en Angola, un niño en Kenia, un joven en Uganda, personas que solo quieren vivir una vida normal, igual que cualquier otra persona, como cualquiera de nosotros. Pido a la gente que se una a grupos comunitarios en su zona y busque formas de apoyar a las personas refugiadas y migrantes para incluirlas en la sociedad y no tratarlas como a forasteras.
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