¿Qué se puede hacer para acabar con la violencia sexual relacionada con los conflictos?

Advertencia: Este documento explicativo incluye cuestiones de violencia sexual, que pueden ser perturbadoras. Se publica con el fin de sensibilizar sobre estos crímenes y sobre la necesidad de que se haga justicia.

Desde Siria hasta Israel y el Territorio Palestino Ocupado, pasando por República Democrática del Congo, Etiopía o Myanmar, la violencia sexual relacionada con los conflictos se comete en todo el mundo con devastadora regularidad. La cometen fuerzas gubernamentales y grupos armados para aterrorizar y controlar a comunidades, castigar a presuntos opositores y obligar a la población a desplazarse. Además, es un crimen que se denuncia muy poco. Lauren Aarons, asesora general de Amnistía Internacional sobre Género, Conflictos y Justicia Internacional, responde a cuestiones clave para comprender el alcance de este crimen y qué debería hacerse para abordarlo y apoyar a las personas supervivientes.  

¿Qué se considera “violencia sexual relacionada con los conflictos”? 

Cuando se habla de violencia sexual relacionada con los conflictos, lo primero que viene a la mente es la violación, pero se trata de una cuestión que va mucho más allá. También incluye esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada, trata de personas con fines de explotación sexual y amenazas de violación o violencia sexual. La violencia sexual no se limita a la invasión física, sino que puede englobar una gama de actos físicos y no físicos que violan la autonomía y la integridad sexuales. Suele caracterizarse por la humillación, la dominación y la destrucción. 

Recientemente, por ejemplo, hablé con mujeres palestinas de Gaza que denunciaron haber sido sometidas a registros sin ropa invasivos por las fuerzas israelíes durante la detención. Algunas describían que las habían registrado sin ropa más de diez veces, en ocasiones esposadas o con los ojos vendados, o mientras se burlaban y reían de ellas. Aunque los registros sin ropa pueden ser legítimos en determinadas circunstancias, el uso de un propósito coercitivo, punitivo o humillante puede constituir violencia sexual, tortura u otros malos tratos en virtud del derecho internacional. 

¿Quiénes la cometen?

En ocasiones, quienes cometen violencia sexual relacionada con los conflictos son miembros de grupos armados; otras veces son fuerzas estatales, funcionarios penitenciarios o milicias que actúan junto con los Estados. El vínculo con el conflicto puede adoptar muchas formas alejadas del campo de batalla, como en el contexto de la detención, el desplazamiento, la ocupación o el colapso de instituciones y sistemas de protección. La violencia sexual puede ser oportunista, tolerada por los mandos o parte de una estrategia más amplia. En virtud del derecho internacional, la violencia sexual relacionada con los conflictos está prohibida por el derecho de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. También puede constituir tortura, crimen de guerra, crimen de lesa humanidad y/o un acto de genocidio, dependiendo de las circunstancias.

¿Se comete la violencia sexual relacionada con los conflictos únicamente contra mujeres y niñas?

Las mujeres y las niñas se ven afectadas desproporcionadamente por la violencia sexual relacionada con los conflictos a causa de la arraigada desigualdad de género y discriminación. Pero esta violencia se comete contra personas de todos los géneros. Hombres, niños y personas LGBTQI también son víctimas de estos crímenes, en lugares como centros de detención o controles de seguridad, durante desplazamientos y en situaciones de trata o explotación.

Amnistía Internacional ha documentado violencia sexual como forma de tortura contra hombres y niños en Siria, y ataques contra personas a causa de su orientación sexual e identidad de género o presunta orientación sexual e identidad de género en Yemen, entre otros contextos. 

Los impactos también suelen ser específicos de género. Las mujeres y las niñas pueden enfrentarse a embarazos no deseados, complicaciones de la salud reproductiva, exclusión social o matrimonio forzado. Los hombres y los niños suelen describir el enorme estigma y la inmensa vergüenza vinculados a ideas nocivas sobre la masculinidad, que pueden hacer que revelar lo sucedido resulte extremadamente difícil. Las personas LGBTQI supervivientes pueden tener miedo de la criminalización, las represalias o la exclusión de los servicios de apoyo.

¿Con qué frecuencia se denuncian estos crímenes? 

La violencia sexual relacionada con los conflictos se denuncia en muy pocas ocasiones. Muchas personas supervivientes con las que hablamos no habían denunciado formalmente lo que les había sucedido. Algunas temían que no las creyeran. Otras temían sufrir represalias o estigma. En muchos contextos, las personas supervivientes también carecen de acceso a atención médica confidencial, apoyo psicosocial o mecanismos fiables de presentación de denuncias que facilitarían la revelación de lo ocurrido. 

También resulta sumamente difícil investigar estos crímenes durante el conflicto activo. Puede suceder que el acceso a los lugares donde ha ocurrido esté bloqueado, que no haya pruebas forenses o que las personas supervivientes se hayan desplazado al otro lado de la frontera. Por ejemplo, aunque las autoridades israelíes han tomado medidas para investigar los crímenes cometidos durante los ataques del 7 de octubre de 2023 por grupos palestinos en un contexto considerablemente difícil, las lagunas en la recopilación de pruebas en los días inmediatamente posteriores al ataque hicieron que se perdieran pruebas cruciales, incluidas pruebas que podrían haber ayudado a comprender qué actos de violencia sexual se habían cometido. 

¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo de la violencia sexual relacionada con los conflictos?

Para quienes sobreviven, las consecuencias pueden ser devastadoras y permanentes. Estas personas pueden sufrir lesiones físicas graves, infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, infertilidad y problemas mentales a largo plazo, como trauma, depresión y trastorno de estrés postraumático.

Los familiares también se ven directamente afectados. A veces son obligados a presenciar la violencia sexual, lo que constituye una forma de abuso en sí misma. Otros pueden sufrir trauma intergeneracional. Los niños o niñas que nacen a consecuencia de la violencia sexual pueden sufrir asimismo estigma y exclusión. En algunos contextos, el efecto se extiende durante generaciones y en comunidades enteras. 

¿Con qué frecuencia se hace justicia en casos de violencia sexual relacionada con los conflictos?

Rara vez. Una de las cosas más difíciles a la hora de documentar la violencia sexual relacionada con los conflictos es que la impunidad sigue siendo la norma, y que las personas supervivientes rara vez reciben justicia. Los autores a menudo se benefician de sistemas de justicia débiles, protección política, inseguridad o falta de acceso a los tribunales. Incluso cuando se llevan a cabo procesamientos, la violencia sexual en sí misma es con frecuencia ignorada o dejada de lado. Por ejemplo, muchos miembros del grupo armado Estado Islámico o de Boko Haram han sido procesados por delitos relacionados con el terrorismo sin enfrentarse a cargos que reflejen específicamente la violencia sexual descrita por las personas supervivientes.

También los miembros de las fuerzas armadas estatales gozan a menudo de impunidad. Amnistía Internacional ha documentado violencia sexual generalizada a manos de las fuerzas de seguridad de Nigeria contra mujeres y niñas afectadas por el conflicto con Boko Haram; sin embargo la rendición de cuentas ha sido sumamente limitada. 

¿Qué es un “enfoque centrado en la persona superviviente” al abordar la violencia sexual relacionada con los conflictos?

Un enfoque centrado en la persona superviviente consiste en poner por delante los derechos, la dignidad, la autonomía y las prioridades de quienes sobreviven. El concepto ha sido fuertemente subrayado por el trabajo del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la violencia sexual relacionada con los conflictos, pero en su núcleo es bastante simple: las personas supervivientes no deben ser retraumatizadas, tratadas como meras pruebas de casos penales o instrumentalizadas. Estas personas deben tener acceso a atención médica, apoyo psicosocial, asistencia letrada y protección, deben poder tomar decisiones informadas sobre si denuncian los abusos y deben poder participar en la toma de decisiones por parte del Estado que les afecten.

La atención médica debe ser integral, e incluir atención de la salud sexual y reproductiva. Las personas que sobreviven a violación y otras formas de violencia sexual pueden necesitar tratamiento para infecciones de transmisión sexual, apoyo psicosocial, atención de la salud materna, anticoncepción de emergencia o servicios de aborto seguros. El negar a quienes sobreviven esta atención puede agravar el trauma, poner su salud y su vida en un mayor peligro y constituir una violación de derechos adicional.

Una cosa que las personas supervivientes nos dicen constantemente es que la justicia significa cosas diferentes para diferentes personas. Algunas quieren procesamiento y ver a los acusados ante el tribunal. Otras hablan primero de atención médica, ayuda económica o simplemente desean que alguien reconozca lo que les ha sucedido. Muchas de las personas supervivientes con las que me he reunido tienen seres queridos en paradero desconocido o en desaparición forzada, y por lo tanto su mayor prioridad es encontrarlos. Una respuesta realmente centrada en la persona superviviente significa escuchar esas prioridades en lugar de asumir que todas las personas que sobreviven quieren lo mismo. También significa reconocer y apoyar los esfuerzos de las personas supervivientes por organizarse, documentar los abusos, apoyarse mutuamente y pedir justicia.

¿Qué son las “reparaciones” y por qué no basta con las penas de prisión?

Las reparaciones son medidas destinadas a reconocer y remediar el daño sufrido por quienes sobreviven a violaciones de derechos humanos. Pueden incluir indemnización económica, atención médica y psicológica, educación, ayuda para ganarse la vida, conmemoración, disculpas oficiales, reformas jurídicas y garantías de que los abusos no se repetirán. Las reparaciones no son una alternativa a la rendición de cuentas penal: ambas son elementos básicos de la justicia.

¿Qué deben hacer los gobiernos para poner fin a la violencia sexual relacionada con los conflictos?

Los gobiernos deben actuar para prevenir la violencia sexual relacionada con los conflictos, investigar sin demora todas las denuncias y llevar a los responsables ante la justicia en procedimientos con las debidas garantías. También deben garantizar que las personas supervivientes tienen acceso a atención médica, apoyo psicosocial, reparaciones y protección frente a nuevos daños, de acuerdo con sus propias prioridades y necesidades.

La violencia sexual relacionada con los conflictos no surge de la nada. Está estrechamente vinculada con la desigualdad de género, la discriminación, la militarización, la pobreza y unos sistemas más amplios de exclusión e impunidad. Las respuestas, por tanto, deben ir más allá de la retórica y abordar las condiciones que permiten que prosperen estos abusos.

Y hay algo más: demasiado a menudo, los Estados practican una indignación selectiva. Por ejemplo, condenan la violencia sexual cuando la cometen sus opositores políticos pero ignoran las denuncias contra sus propias fuerzas o aliados. O se jactan de apoyar a algunas personas supervivientes, mientras niegan el apoyo a otras, como las personas migrantes, refugiadas o acusadas de estar asociadas con grupos armados no estatales. Sin embargo, todas las personas supervivientes merecen el mismo compromiso respecto a la justicia.

¿Cómo puede la gente ayudar a detener estos crímenes en su país?

La gente puede ayudar a combatir la violencia sexual relacionada con los conflictos exigiendo a los gobiernos acciones reales que incluyan investigaciones creíbles, procesamientos, reparaciones y un apoyo significativo para las personas supervivientes.

También puede ayudar —económicamente, políticamente y públicamente— a las organizaciones que trabajan directamente con las personas supervivientes, como por ejemplo grupos de supervivientes, grupos locales dirigidos por mujeres, organizaciones de apoyo a las personas refugiadas, profesionales que brindan asistencia letrada y especialistas en traumas.

Por último, es crucial oponerse sin excepción a la violencia sexual, independientemente de quiénes sean las víctimas o los autores. La solidaridad debe cruzar las líneas étnicas, nacionales, religiosas y de conflicto, donde quiera que se produzca.

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